miércoles, 14 de octubre de 2009

Karim no conoce a Obama

Seis euros en el bolsillo, doce anos y una guerra que abandonar.

A Karim lo encontraron a punto de abordar un tren en Torino. Jovencisimo. Aterrorizado. "En casa no tengo a nadie. Mi familia està muerta".

No es el primero, ni serà el ùltimo. Ninos que huyen de la guerra, de cualquier guerra. Desplazados de su infancia, abandonados a una suerte incierta. "Aqui estoy de paso. Quiero llegar a Inglaterra. Ninguno me espera pero me las arreglaré. Me han dicho que en Londres hay muchos afghanos"

Karim llegò desde Grecia en un camiòn y en la parada de Limone Piamonte lo detectò la policia de fronteras a punto de abordar el tren Torino-Bologna. Le dieron de beber, de comer y quizàs ahora lo acojan en Italia. Una Italia que con Karim se muestra compasiva pero que, "con la faccia feroce", se niega tercamente a aceptar las diferencias. Una Italia que, por ejemplo, rechaza una ley a favor de la comunidad gay despenalizando, de facto, los ataques homofòbicos que, apenas el lunes en la noche, dejaron desangràndose a dos chicos en Roma. Culpables de ser gay, de ser diferentes. Violencia homofòbica cotidiana y, aùn asi, una Italia que es mucho mejor que el horror dejado en casa.


Y mientras Karim se armaba de valor para abandonar todos sus territorios conocidos, mientras se llenaba de coraje para abordar un tren y dejarlo todo, Barack Obama,- que enviò ya un refuerzo de 13 mil soldados a Afghanistàn como revelò el Washington Post hace algunos dias-, recibia el Premio Nobel de la Paz.

Supongo que Karim ni siquiera se enterò.

jueves, 1 de octubre de 2009

Album

¿De qué están hechos los recuerdos?

Anoche me asaltó esa interrogante. Qué sustancia contiene en mi memoria todos aquellos recortes de chocolates savoy que mi mamá portaba al carro para delicia de mi hermano y yo? De qué está hecha aquella tarde en un parque de Santa Paula cuando mi primer amor no alcanzaba a comprender lo sola que me sentía? Qué continúa sosteniendo en mi mente aquellas tardes de pesca con mi tío Rafa y mi mamá en las que yo simplemente observaba a los cangrejos perderse entre las piedras?

Me gustaría saberlo. Hay días en las cuales el equilibrio bioquímico de cualquiera que sea esa sustancia se me altera y olvido todo de golpe. Otros, es más bien lo contrario, entonces comienzo a recordar cosas insólitas. Recuerdos nuevecitos que, por nuevos, me parecieran ser ajenos, totalmente de otra persona. Y muchas otras veces, casi me gustaría comprar uno que otro recuerdo usado. Son esas tardes en las que ninguno de mis recuerdos me satisface, en las que pareciera que todo lo que hecho, vivido o pensado ha sido en vano, ha sido futil o inútil.

Hoy, sin embargo, no necesito ir a esa suerte de mercado de los recuerdos porque hoy, por ejemplo, me acuerdo de la primera vez que vi a Plácido Garrido en la 104,5 FM. Con su bigote legendario y sus pequeñisimos ojos azules me miró con cierta displicencia. Nos caímos bien de inmediato. Fue asi como, entre avances y noticieros, llegamos a la conclusión de que seríamos amigos. Es curiosos como se archivan los recuerdos en la memoria de cada quien. Para algunas personas basta con una palabra: Plácido = "ácido". Su aire socarrón y su fingida indiferencia se traducían para mi en "ácido". Y así, aprovechando su agudeza e ironía y mi tiempo libre entre noticias, comenzamos a sistematizar su "acido" de las mañanas. recuerdo, además, sus 27 experiencias psicodélicas y su rechazo a lo no estructurado. Si, curiosamente, al Plácido que conocí no le gustaban demasiado las sorpresas. Aún así, tenía una irreverencia innata que le hacía reirse a placer de cuánta locura se me ocurría escribirle para sus microavances matutinos. Salía de la cabina con los ojos brillantes y con una sonrisa malévola apenas contenida.

Y aquel recuerdo abre la puerta a una avalancha de tantos otros contenidos no bajo la palabra "ácido" sino bajo la categoría "la radio", porque para mi la 104,5 FM seguirá siempre siendo "la radio" a pesar de que he trabajado en muchas otras. En aquel submarino se quedaron Joffre Maestracci, el Chino Gamboa, Eli Bravo, Unai Amenabar, María Isabel Párraga, María Belén Hernández, Porfirio Torres y muchos más y un montón de trasnochos por la guerra en el Golfo, tras la invasión de Kuwait, y un montón de viernes montando Enclave con Julio Mota. Vaya si hay sustancia en ese submarino!

Lo raro es que no los tengo agrupados bajo "submarino" sino bajo "la radio". ¿Por qué será?

De verdad me gustaría saber que sustancia contiene esos recuerdos intactos en mi memoria. Tan indemnes a los efectos del tiempo que no puedo evitar sonreir cuando se destapan.

Y, paradójicamente, hay noches, fiestas, personas, situaciones que no recuerdo en absoluto. Afortunadamente tengo una suerte de memoria extendida en mis mejores amigos que, casi invariablemente, me preguntan con tono casi desesperado: ¿pero de verdad no te acuerdas? No, no me acuerdo. Será que tengo aquella sustancia mal repartida.

Hay recuerdos que se desencadenan con canciones, otros con olores, otros simplemente me asaltan al secuchar una voz o al mirar al horizonte. No se que los contiene ni de que están hechos. Sólo sé que para mi los recuerdos son una prueba irrefutable de lo relativos que pueden ser el tiempo, la distancia y la muerte, pues aún recuerdo a Luis Alfredo y sus fabulosas tortas que vendíamos en el Mercado de los Corotos del Autocine de Los Naranjos. Esas que invariablemente salvaban la patria a la hora de las cuentas. Lo recuerdo como si fuese ayer y él también se fue hace ya demasiado tiempo.

Por supuesto que también tengo mi cuota de malos recuerdos. Sin duda. Esos no quiero borrarlos, pero hablaremos de ellos otro día. Quién sabe, a lo mejor están hechos de una sustancia diferente de los que me hacen sonreir o conmoverme...

Pienso, sin duda, que lo que hace única a una persona es su manera de percibir sus experiencias y su entorno y la traducción que hacia afuera hace de ello. El album de recuerdos que cada quien hace de su tránsito por la vida es una prueba de ello.

viernes, 28 de agosto de 2009

POLICIAS Y LADRONES

Me encantan esas historias en las cuales una persona asume una falsa identidad. O la identidad de otro. Marina Baura en La Usurpadora em enseñò cuàn divertido puede ser jugar a ser otro. Asi que toda la idea de ataviarme con las maneras, los atuendos y los valores de otro francamente me fascina.

Por ende, esta mañana cuando escuché en la radio la historia de un falso carabiniero recién capturado, no pude menos que sentir una cierta complicidad y admiraciòn por aquel hombre con dos mujeres que para poder mantener esa doble vida amorosa usaba una identidad de falso uniformado.

Lo mejor de todo fue lo que, con tono divertido, comentaba el locutor: él no ponia su foto en el carnet de carabiniero sino la de un actor famoso de los 70's. El hombre sacaba el carnet y aseguraba irse en misiòn por varios dias. Me preguntò si la esposa, simplemente, habia optado por hacerse la tonta y amaba a su mitomano infiel sin mayores conflictos.

En ese caso, los carabinieri reales le robaron su historia de amor. Le estropearon su fachada de mujer estupida que cree que la foto de un actor famoso, aunque sea de lejos, es la cara de su marido, ese mismo hombre con el cual se despierta todos los dias. Ahora el hombre sabe que ella sabe.

Ni que decir de la amante, que le seguia el juego amorosa cuando "il carabiniero" queria jugar a Mission Imposible y se disfrazaba de espia pero no llegaba ni a Superagente 86.

Apuesto que, si los carabinieri estuviesen comandados por una mujer, esta hubiese sido lo suficientemente sensible como para dejarle al pobre hombre su carnet. Solamente por solidaridad con aquellas dos mujeres. Sabiendo todo lo que las mujeres hacemos por ellos.

Sin ànimo de entrar en esa postura sexista y reduccionista de la guerra de los gèneros debo decir que, a veces, los hombres saben muy poco sobre la mente femenina...

Y, ademàs, es, ciertamente, muy dificil distinguir entre policias y ladrones.

Si tuviese alguna influencia en el caso pediria que le devuelvan su carnet de carabiniero a aquel hombre y lo dejen jugar en paz.

Lo pediria, sobre todo, por mis dos colegas de género :) a quienes la vida amorosa y sexual se les acaba de ir francamente a pique.

miércoles, 12 de agosto de 2009

MOMENTOS DE MISA ESLOVENA

El domingo pasado era San Lorenzo en Brestovica. Patrón del "paese". Misa, procesión y fiesta.

En un afán por comprender lo que me rodea me fui a la misa. La iglesia es pequeña. Sencilla. Fue restaurada hace un año. Al fondo San Lorenzo presidía el retablo y las señoras del pueblo se habían puesto sus galas para participar en el ritual.

Una vez en la misa, en medio de un calor que hasta un caribeño resiente, observo a la señora que se ha pintado el cabello de rosa (nunca falta) y la otra viejecita con pañuelo de flores que suda copiosamente o la vecina, la Señora María, que analiza todo con sus pequeñisimos, pero inquisidores, ojos de pájaro. Hay un bebè que asemeja un querubin, està inquieto, y los hombres no lucen demasiado interesados.

Comienza el sermòn a cargo de un fray ex-drogadicto que se sabia todos los santos de cada dia del año ya a los cuatro años.

Obviamente, no entiendo nada. Niente. Rien. Not a thing.

Asi que me concentro en sus inflexiones, en su sonrisa, en sus manos y en la sotana que, de un rojo intenso, pareciera tener una hoz y un martillo como me ha susurrado alguien al oido.

Es demasiado absurda y demasiado divertida la situación. Casi me da un ataque de risa. Me muerdo los labios y enfoco mi atención en las reacciones de la feligresía.

Nada.

Nadie es bondadoso al punto de brindarme alguna clave de por donde va la misa, de donde esta el Padre Nuestro. Ni siquiera reconozco el amén.

Y empieza el coro.

Un grupo de señoras muy entusiastas que, al mando de un señor de faz muy sonrosada, comienzan a aullar lo que supongo ha de ser una canción religiosa. La iglesia se demasiado pequeña y el estruendo es de decibeles IN-SO-POR-TA-BLES. No dejo de pensar que si Simon Cowell (el de American Idol) estuviese acá hubiese corrido despavorido.

Me muerdo los labios de nuevo. Ahi viene la risa. No puedo.

No dejo de recordar la escena de una película cuyo nombre se me escapa donde un coro griego divertidísimo enfatiza todas las situaciones por venir..

Veo al sagrado Corazón de Jesús y comienzo a dialogar (mentalmente, claro) con él y en un punto le pregunto: "Supongo que no esperarás que te hable en esloveno. Supongo que hablas español. O no?" No me responde y me queda la duda: será que Jesús en Rusia habla ruso y en China habla chino y...Dios...estoy desvariando totalmente. Ese es el efecto que me hace la misa en esloveno.

Cuando comienza la fila para acercarse al altar, pienso que van a tomar la ostia y recibir la bendición. La comunión, pues. No. Craso error. Es la cola para que, aquellos que pueden, den sus donaciones al Santo.

En ese momento decido que ni siquiera los puntos claves y repetitivos del ritual me salvarán de esta incomprensión absoluta. Me siento como una mezcla de un personaje de Woody Allen y de Mr. Bean y decido salir.

Aire.

Y es que hay períodos asì.

Momentos de misa eslovena.

Momentos en los que no entiendo nada en mi vida.

Y, por más que hago el esfuerzo, no logro salir del aturdimiento.

Teóricamente, uno sólo debe dejarse fluir y escuchar al corazón. Creo que el mío está un poco disfónico por estos días... supongo que podría aprender a rezar en esloveno.

Esperaré a ver si alguien me ofrece la ostia o buscaré algún pozo de agua bendita eslovena.

Amén.

viernes, 31 de julio de 2009

LA CULPA ES DE OSMEL

Ultimamente me siento francamente fea. Gorda. Fuera de forma. Fea, pues. Me salva que todavìa, en un alguna esquina de mi cerebro y de mi cuerpo, aùn me siento sexy y femenina. Pero, la verdad es que me siento fea con F de ferocidad.

A pesar de este estado de animo que, lo juro, no està en mi mente, sino màs bien bastante instalado en mis ahora demasiado generosas curvas, camino impunemente por las calles de Trieste. Eso me hace sentir aùn peor. Estas mujeres son absolutamente gloriosas. Bellisimas. Bronceadas. Longilineas. Sensuales. Con caras extrañamente bellas y armoniosas y cuerpos casi etèreos. Atlèticas. De mala ostia, si, pero ese es casi un detalle superfluo.

Y aqui estoy yo, osando caminar por este Olimpo para hombres (y mujeres, por què no?) con mi muy terrena presencia. Con mi Caribe hacièndose sentir en mis movimientos y mis maneras un tanto demasiado voluptuosas, preguntàndome, quièn le diò permiso a Osmel Sousa y a Joaquin Riviera de convencernos, a todas las venezolanas, de que somos las mujeres màs bellas del globo? Què mito tan absurdo!

Partiendo de una premisa falsa hemos construido una autoestima que alimenta la industria estètica nacional pero que tambièn nos ayuda a sobrevivir en ambientes tan hostiles como en el que ahora me encuentro: demasiada belleza junta puede provocar una subida de envidia intolerable hasta para el màs malèvolo de los seres.

Y es que no tengo ningùn problema en reconocerlo. Ademàs de feìsima, estoy envidiosìsima. Celosa. ¿Còmo rayos se puede ser tan bonito? Es una injusticia divina desde luego, porque la loterìa genètica es obra de Dios y sus caprichos.

Y la verdad es que no me consuela aquella tesis de que la belleza està en los ojos de quien la mira o que la belleza es relativa o que hay muchos tipos de belleza o que sè yo. No estoy hablando de sensualidad, ni de sex appeal. Sè que tengo abundantemente de los dos. Afortunadamente. Hablo de belleza clàsica, de simetrìas, de cualidades casi celestiales que nos separan a las comunes mortales de las Diosas.

No sè si estas mujeres que caminan por Trieste son Diosas, pero, desde luego, yo me siento cada vez màs mortal.

Cuando regrese necesitarè terapia. Pero ni me preocupo: le mandarè la factura a Osmel.

LA PANTERA ROSA VIVE EN TRIESTE














































CONFIESO: SOY UNA DELINCUENTE



Un poco de transgresiòn, un mucho de ilegalidad y un toque de audacia suicida han sido ingredientes bàsicos en mi fòrmula de vida. Sin ellos y sin un montòn de amigos disfuncionales, bizarros y, hasta poco aconsejables, me resultarìa bastante aburrido el acto de levantarme diariamente a transitar por el espacio y el tiempo que me tocan.


Y para una persona tan obsesiva con decir y saber la verdad esta cualidad un tanto delincuencial es todo un logro. Fàcilmente hubiera podido decantarme por el fanatismo religioso neoevangelista, crear alguna secta de culto "al hombre que jamàs mintiò" o perderme como anacoreta en alguna cueva de Petra o de Mèrida.


Sin embargo, pesò el individualismo del outcast, esa tendencia de Llanero Solitario sin su Indio Lobo que, combinada con ese àpice de tendencia a la criminalidad que corre por mis venas y pervive en mi historia genètica, determinò que me gusta, me encanta, esa caminata por el wild, wild side. Un poquito eso que los italianos llaman la Zingaratta.


Asì que, cuando el gobierno de la Repùblica Bolivariana de Venezuela decide que todos los periodistas estaremos bajo sospecha y que cualquier cosa que opinemos, digamos, expresemos e, incluso, pensemos, puede ser considerada un delito mediàtico, yo casi tengo un orgasmo.


ME ENCANTA. Bring it on! Vamos a divertirnos. Yo ya soy una delincuente!


Pero, eso si, si nos van a sancionar a todos por pensar, escribir, entrevistar, publicar, expresar, disentir, criticar, debatir y disertar, entonces, o preparan un montòn de capsulitas de cianuro para el suicidio colectivo de las mentes libres del paìs o comienzan por sancionar todos los delitos reales que se han cometido en contra de la naciòn, la democracia, el patrimonio pùblico y el territorio nacional en los ùltimos diez años. La lista es larga.


Mientras tanto, pasemos a mi pròximo crimen.