jueves, 7 de diciembre de 2017

El oficio de poner alas y hacer milagros

A Kaya.
Y a Miguel Delgado, 
Angela Gonzalez, 
Niletta Stelluti y 
Lolymar Avila 
Unidad Móvil Veterinaria Salud Chacao.




     Veo tu foto con frecuencia. Y siento el peso de tu cuerpo en la cama. Y tu calor. Y el intoxicante olor del collar antipulgas. Y me encojo un poco para dejarte espacio. Para que duermas tranquila. Y, entonces, cuando ya estoy a punto de voltearme y extender el brazo para acariciarte, lo recuerdo: ya no estás conmigo. En ese instante, te echo de menos como a nadie.

     Tú fuiste la presencia más estable por 17 años. ¿Quién lo hubiera sospechado aquella noche que gritabas a todo pulmón en la 10a transversal de Altamira? A veces creo que me llamabas. Detuve el carro y te encontré allí en un patio cualquiera. No sé si te secuestré o te robé. Aunque no había nadie cerca. Estabas sola y gritabas.

     Desde ese día las órdenes las diste tú. Aunque no lo noté hasta muchísimo tiempo después. Destruiste todos los muebles, le diste un zarpazo a Skipper y le lesionaste la cornea, me dejaste un par de cicatrices cuando traté de separarte en una pelea y te robaste el pan y las tortas de la mesa cada vez que quisiste. Sólo te faltó abrir la nevera y no estoy tan segura de que no lo hayas hecho.

     Todas las veces que mi corazón estuvo roto por algún divorcio, decepción o frustración te sentaste en mi regazo a ronronear, a curarme. Tu mal genio y dulzura eran como un Dr Jekill y Mr Hyde peludo.

    Los últimos meses fueron duros. Durísimos. Tomaste distancia. No volviste a mi cama. Te estabas preparando para irte. Dormías en la sala, en la mesa de la cocina, en el baño. Donde te daba la gana. Pero no volviste a mi cama y me preocupé mucho. Lo supe.

     Traté de engañarme a mi misma pensando que sólo estabas molesta conmigo. Después de todo, llevabas ya 3 años brava. Desde aquel día de julio en el que se me ocurrió traer a a Oreo a casa. La odiaste con furia. Y a mi. Alta traición. Y fue tanta la furia que enfermaste de hemobartonella. De pura rabia. Pero logré retenerte. No pudiste irte. Obligada, pero te aliviaste.

     Pero este año el gas lacrimógeno diario, el cansancio, la rabia pudieron más que tú.

     Y te llevé a Salud Chacao. Y te trataron con amor. De inmediato supieron que eras de armas tomar. Y todos creímos que te salvabas. Y tuviste un día de saltos y alegría y alboroto. Un día. Y luego el abismo. La barrena. Y supe, a ciencia cierta, que te ibas. Que tenía que buscar ayuda. Y allí estaban Angela, Niletta, Lolymar, Miguel -como siempre- para rescatar y apoyar en la emergencia. Con cariño, con dedicación. Miguel preguntó discretamente:"¿quieres pensarlo? Lo siguiente es que entre en shock". "No. No hay nada que pensar. Hagamoslo" respondí.

     Y allí estuvimos, en ese pequeño camión -la Unidad Veterinaria Móvil que trabaja a fuerza de mística y compromiso con su comunidad-  Angela y Niletta me distraían. Conversamos sobre cualquier cosa mientras inyectaban a Kaya. En algún nivel sé que se preguntaban: "¿ella no se va a ir?" Y no. Yo no podía irme. Dejar sola a Kaya no era una opción.

     Y luego, cando Kaya se durmió me asaltó la duda: "¿se volverá a despertar?¿qué hago si se despierta?" Se rieron. "No. No va a despertar". Entonces Miguel la tomó con delicadeza y la envolvió. Sobrio, respetuoso. Lo ayudé. No entendía por qué me miraba con desconcierto. Luego supe que era la primera persona que había acompañado todo el proceso de eutanasia de su mascota. La primera en 15 años de existencia de la Unidad. Pero no fue por valiente, quizás fue por lealtad.

Y cuando todo pasó, cuando supe que estos médicos -que siento como amigos desde hace años-, le habían regalado alas a Kaya -si, como Red Bull- cargué el pequeñisimo cuerpo aún tibio de mi gata. Y con el corazón suspendido, casi sin aliento y sin pisar muy bien tierra, los abracé y me la llevé.

(Luego tardé una semana en enterrarla en el Avila. Pero ese serial-killer-mode de guardar un cadaver en el freezer se los cuento otro día).

     No había podido escribir antes. Procesar las pérdidas me lleva mucho tiempo. Kaya se fue el 18 de mayo y sólo quería decir: Gracias Kayaluna por haberme gritado aquella noche del 2000. Y gracias Miguel, Angela, Niletta y Loly por haberme sostenido en uno de las despedidas más dificiles de mi vida.

     Sé que no soy la única que le debe tanto a la Unidad Móvil Veterinaria de Salud Chacao. Sé que somos miles de vecinos los que hemos encontrado cariño y cuidado para nuestros animales allí, en esos pocos metros cuadrados. Cuando pienso en un servicio público que es casi un milagro, pienso en ese camioncito y sus doctores generosos, cálidos, comprometidos con su comunidad. 

     Y pienso en Kaya, con sus alas nuevas y su mal genio, sometiendo a quien se deje en el Cielo de gatos. 

     Así que eso, sólo quería decir GRACIAS. Porque en un ambiente tan árido y rudo como el que vivimos, todos ustedes son una certeza y un apoyo invaluable.Un verdadero milagro.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Los juegos de Psique

Los mecanismos de autopreservación de la mente humana son asombrosos. Parece que mientras más terrible la atmósfera, mientras peores las amenazas, los recursos de mi psique para protegerme son más ingeniosos y, el mismo tiempo, más simples.

El Presidente de esta Revolución -para algunos marioneta, para otros arrogante y para mi, rehén- activa el Consejo de Defensa Nacional con lo cual activaría el Estado de conmoción y un posible toque de queda. Entiéndase: una OLP a nivel nacional y 24/7. Más represión, más sangre, más injusticia. Luego de 11 días de gas y plomo y muerte y gritos y heridas colectivas.

¿Qué sugiere mi mente? (Si, ella es autónoma)
"Tengo que hacer el amor. No sé que va a pasar después"

Mi mente no piensa en pequeño ni se conforma con soluciones mediocres. Va por el oro.

Y entonces comprendo todo ese coqueteo y el amor y la ternura de los últimos días. Es mi psique buscando compensar, salvarse de la aridez, de este incendio de todo lo conocido que pretende llevar a cabo el Poder. Es una necesidad de intimidad como Primeros Auxilios. No es el elemento erótico ni la urgencia sexual, es una necesidad del alma de conectar con lo profundo, con lo real, lo auténtico de encontrarse en la mirada de otro que está sumergido en este caos como tú. Ese otro que también necesita salvarse.

Ya sé que es muy loco.

O, quizás no.

Quizás lo único que tiene sentido en la vida son esos brevísimos momentos en los que realmente- REALMENTE- conectas con alguien.

EL TELÉFONO

Antenoche sonó el teléfono fijo de la casa. Eran cerca de las 4 am. Mi sueño es ligero y desperté de inmediato. O quizás ya estaba despierta. Estos días terribles son noches de insomnio. No atendí. Pensé en el hampa. Pensé en el Sebin. Pero me levanté, fui al baño y luego ví un celular encendiéndose y apagándose en la sala. Era mi hermano: "Eu, se metieron en mi casa"¿Qué? -respondí- ¿como están las muchachas?" Mi cuñada y mis sobrinas tuvieron que enfrentar solas el saqueo de su casa. Las amarraron y amordazaron y se llevaron hasta las toallas sanitarias, la pasta dental. los televisores, los ahorros, la camioneta.

Tengo tanto aplomo que a veces parece que soy fría.

Me pidió que buscara en internet cómo controlar el gps de Tracker. Lo buscamos. El logró apagar la camioneta de forma remota. No conozco más detalles de lo que pasó porque en esta casa tenemos esa manera gocha de manifestar los afectos y preocupaciones:  severa, sobria, hacia dentro. Pero sé que mi hermano estaba superangustiado porque al despedirse me dio un abrazo que casi me partió en dos. Todo estaba bien en casa, Las chicas estaban a salvo. Mi mamá no hizo más que rezar todo el día dándole gracias a Dios porque "pudo haber ocurrido una desgracia, Eu. Y no ocurrió"

Y mi mente testaruda, persistente, se empeña en su afán de los últimos días y me ordena: "busca lo bonito". Y me lleva al pianito morado en casa de mi tía Elena en la Av. Victoria. Y a la barquilla de mantecado con capita de chocolate de Crema Paraíso con mi tío José Antonio y mi tía Gladys. Esa que no me terminaba antes de media hora porque no quería que se acabara. Y a los días de pesca con mi tío Rafa y mi mamá en los pozos de Carmen de Uria y los cangrejos bebé de aquellas enormes piedras. Y las arañitas del Pobre Juan y las observaciones de lluvia de estrellas y a la persecución de ovnis y a los Hare Krishnas de Bello Monte.

Parece que siempre fui así: capaz de crear espacios felices en medio del caos. El tío Domingo, un día que bailaba en el medio de la calle, lo notó: "Vamos, Leocadia" me dijo riéndose. Y esa cacería de lo bonito me lleva a Carmencita en El Samán. Ella. mi amiga pecosa, subía un piso y ambas esperábamos que mi mamá se durmiera luego de leerle algunas noticias sueltas del periódico, Apenas cerraba los ojos, salíamos de puntillas y nos escapábamos al parque. Aquel columpio era un avión, un cohete, un par de alas atómicas.Era el ser más libre del planeta en ese pedazo de madera y cadenas. Volaba.

Creo que aprendí TAN bien a volar y a ser feliz no matter what, que aún vuelo.

UN BILLETE Y UN PINTALABIOS

Estos son días tremendos. Los que hemos vivido. Los que vienen.El Sr. Rogelio, de la línea taxi de mi casa, lo sabe. Se va el domingo a los Estados Unidos aunque "no me gustan los gringos, pero es que ya no se está haciendo nada. Ni para los repuestos del carro..." Me ha detenido cuando semidormida iba al abasto a comprar algo para desayunar. "Ayer llevé a su hermano al terminal y él se equivocó. Me dió un billete de 2000 por uno de 100. Déselo" Y ese gesto de honestidad y ética era todo lo que necesitaba para que la confianza regrese a mi en una mañana en la que -al estilo loco de esta familia- ,i ,adre me ha llamado al celular desde la habitación contigua, desde su cama. para decirme: "No me voy a parar, Eu. perdimos el momento para llegar a Miraflores".

Si. Esa es una bonita manera de despertar. Se los dije: estilo gocho.

¿Leyeron alguna vez esa anécdota de cuando llegaron los soldados ingleses al campo de exterminio de Bergen-Belsen? Se las cuento: "Era sólo una yerma desolación, tan pelada como un gallinero. Los cadaveres estaban por todas partes, algunos en pilas enormes, otros yacían solos o en parejas allí donde habían caído...Llegó una cantidad enorme de pintalabios. No era en absoluto lo que los hombres queríamos, nosotros clamábamos por miles de otras cosas y no sé quién pidió lápiz de labios. Deseo tanto descubrir quién lo hizo, fue la acción de un genio, pura brillantez inadulterada. Creo que nada hizo más pr esos internos que el pintalabios. Las mujeres yacían en la cama sin sabanas ni camisón pero con los labios rojo escarlata. Las veías vagar por ahí sin nada más que una manta sobre sus hombres y su mano aferrada a un pedazo de pintalabios. Por lo menos alguien había hecho algo para hacerles individuos otra vez. Eran alguien, no ya simplemente un número tatuado en el brazo. Finalmente podían interesarse por su aspecto. Ese lápiz de labios comenzó a devolverles su Humanidad".

Si, ya sé. la mente humana. Los desvaríos.  Y los juegos de preservación. Buscar lo bonito, hacer el amor, usar el pintalabios.

Ser humano incluso en medio de esta inmensa OLP que parece venir. Y estar lo más presente posible.

Y, si encuentras esa conexión, esa llave, usarla porque la vida es preciosa, efímera, impredecible. Porque no hay tiempo que perder y porque las personas no son eternas.


lunes, 31 de julio de 2017

Un río, un kayak y una meta.

Hace unos años cuando fui a hacer kayak en los rápidos de Barinas, viví una experiencia transformadora y exigente, física, mental y espiritual.

Para ilustrarla, debo describir primero:estás en un río, con profundidad promedio de metro y medio, muy frío y con "rápidos". Que en el momento eran clase 3 de una escala de 5 puntos. En un barco para 2 personas cada cual con un remo.Y a la derecha una pared y a la izquierda otra. O sea, ¡no hay orillas! 

Solo río.

El trayecto toma 4 horas.Bajas por el río hasta la orilla donde te esperan los del campamento.
Obvio: en esas 4 horas, te caes, se voltea el barco. Lo pierdes, lo tienes que alcanzar, te montas y sigues. Y así cada vez..Te montas y sigues... Y de nuevo... ¡Te montas y sigues! Te cansas. ¡Te montas y sigues! ¡Te quieres bajar! Pero ¡¡¡te montas y sigues!!!

Lo interesante es que... No hay opción. El río no se va a detener, los rápidos no van a mejorar. (Si se hace más tarde son "mas rápidos), y ¡no te puedes bajar! Porque tocaria escalar sin equipo para llegar a la carretera (cargando el kayak)

O sea: HAY QUE SEGUIR. Pase lo que pase hay que subirse de nuevo al barco y seguir.

Hay ciertos remansos donde hay "playas".Te detienes, tomas agua, te recargas. Y entrompas de nuevo el río. Y, de algún modo, cuándo sientes que no vas a llegar: viene otra playa... ¡Y así hasta el final!

¿Que pienso hoy? 

Que no HAY NADA QUE HACER sino subirse al barco y ¡seguir remando!

Hoy es una playa... Tomaré aire, beberé agua, comeré algo ligero, ajustare mi casco y agarrare mi remo... 

Para seguir.

Por un momento pensé que había terminado el recorrido. Pero solo es una playa


30/07/17 7:20pm
Freddy Camargo.
Torre B. Arca del Norte.

Barquisimeto.

jueves, 1 de junio de 2017

Reflexionar a gritos

Hace días, semanas que lo escucho. El latiguillo de "hay que apoyarlos. No hay que dejarlos solos".

Y la verdad es que a veces quisiera perder la compostura y a gritos acelerar el proceso de comprensión de lo que ocurre. A decir verdad, a veces lo hago. No. No es que yo sé más que los demás. O que me he dejado seducir por el pensamiento único. Ni de broma. Pero si me parece que hay un grupo importante de gente que no logra calibrar lo que estamos viviendo como país y como nación.

No. No es que "hay que apoyarlos".

Esta pelea es de TODOS porque cada vez que detienen a un muchacho en #Resistencia le cercenan a usted su derecho a protestar, a manifestar, a erguirse con la Constitución en la mano y a exigir un Estado de Derecho. Porque cada vez que un periodista o fotoperiodista es amenazado, perseguido, agredido, robado o vapuleado es a usted a quien le están cercenando su derecho a estar informado, a disentir, a expresar sus criterios por controversiales o impopulares que sean. Porque cada vez que le revientan la cara a un Diputado o a un Gobernador -que usted eligió- lo están castigando a usted que votó por él. O que quizás no votó pero que igual se ve afectado por la negación cada vez más flagrante de "1 venezolano 1 voto" y de aquello de que "la soberanía reside en el pueblo".

Es más, cada vez que usted se hace el loco cuando roban o patean a un conciudadano que padece a su lado, cada vez que mira hacia otro lado cuando le pasa cerca un niño descalzo o alguien comiendo de la basura, pensando sólo en su propia preservación, usted no sólo se hace más pequeño como persona sino que se encoge como ciudadano. Y este gobierno opresor huele el miedo. Y la pequeñez.

Lo que quiero decir es que no, no "hay que apoyarlos". Esos muchachos a los que están persiguiendo, agrediendo, deteniendo, torturando y matando son la vanguardia, la inspiración, pero la pelea no es sólo de ellos. Esta pelea es de cada venezolano consciente. O es que acaso ¿no somos todos los que estamos padeciendo los embates del saqueo de los tesoros del país y la burla de una élite revolucionaria cada vez más desconectada de la realidad de las calles?

Hoy detuvieron a plena luz del día a decenas de muchachos en la Plaza Altamira. Antenoche hubo una redada en la misma plaza y en Bello Monte. Ellos están poniendo el cuerpo. Y el corazón. Están dando la cara. Lo mínimo que podemos hacer los demás es asumir que esta es nuestra pelea y que las calles son nuestras aunque el gobierno de Maduro sea tan arrogante que tenga la osadía de, incluso, ponerle una fecha de expiración a la primera Rebelión Popular de este siglo en Venezuela. O ¿es que les quedan dudas después de haber marchado 61 días que este es un descontento que atraviesa a toda la sociedad venezolana?

Si. Es cierto. La represión ha escalado a niveles de violencia aterradores. Lo sabemos. Pero el miedo no es opción. La parálisis tampoco. Busquemos la forma de no encogernos, de no dejar que nos vuelvan pequeños y conformistas. De alzarnos y encontrar el valor y la osadía en reservas personales que a lo mejor pensábamos que no existían.

Y, bueno, para que conste, esto lo escribo como ciudadana más que como periodista. Sin intentar decirle a nadie qué hacer, pero con la esperanza feroz de que no se cometan los errores de 2014 que tuvieron costos altísimos para cientos de muchachos que tuvieron y siguen teniendo el sueño de un país donde el progreso y los sueños no tengan que, obligatoriamente, vestirse de rojo.

viernes, 19 de mayo de 2017

El delito de documentar una dictadura


La puerta no cerraba. No tenía la llave. Me quedé allí conteniendo la respiración. Anhelando que mi corazón no latiera. Los segundos se hicieron eternos. Y entonces pensé en apoyar la carretilla y ajustarla. Funcionó. Tenía que alejarme de esa puerta. Escuchaba las voces y el ronco acelerar de las motos en el portón del estacionamiento de mi calle ciega.

Temía que derribaran la reja.

Logré esconderme en el cuartito donde ya estaban mis primos. Esa segunda puerta tampoco cerraba. Apenas respirábamos. Mi primito veía el celular. "¡Apaga esa mierda, coño!" ladré. Le pedí a mi prima que rezara. Me concentré en escuchar y apagar todos mis sistemas -yeah right- para que la adrenalina no nos delatara. Olía a basura y desinfectante. Y el espacio era mínimo. Sujetaba la puerta y sabía que si abrían la primera no habría forma de escapar del arresto. Pensé en mi gato que estaba afuera pero él es experto en esconderse. Se escuchaban voces de hombre cada vez más cerca. O eso me pareció.

Estábamos en el estacionamiento cuando los ví minutos antes: una camioneta Hilux blanca blindada y 2 motos. O ¿eran 3? No estaba segura. De inmediato, les dije: "¡Vénganse, vénganse, venganse!" Ellos tardaron en reaccionar. Nos agazapamos.

El hombre de la moto había cumplido su amenaza: mandar al Sebin a buscarme. La había hecho media hora antes cuando descubrió que le había tomado varias fotos mientras él grababa la vanguardia en retirada de los muchachos en #Resistencia No me la hizo a mi, sino a mis primos y vecinos: "A la rubia que está tomando fotos" .Decía que yo no era reportera y que vendrían por mi. Creo que lo que le indignó fue mi actitud. Cuando me miró de frente le hice un saludo militar y me fui. No me asusté. No me intimidé. No bajé la cabeza.

Y creo que ese es el punto; que la mayor parte de este país -si alguna vez lo hizo- ya no está dispuesta a seguir bajando la cabeza. Que el atropello desde el poder político y económico de la Revolución ha sido tan grave, sostenido en el tiempo y devastador que ahora la única vía posible es erguirse. Y desafiar.

Me escondí, por supuesto. Me asusté, sin duda. Pero la terca convicción de que como periodista y ciudadana no estoy cometiendo delito y no tienes derecho a venir a buscarme, prevaleció. Estoy documentando. Si lo que tú estás haciendo mientras yo documento te incrimina, esa es tu consciencia, tu responsabilidad penal, no la mía. 

Yo estoy haciendo aquello para lo cual la sociedad en la que crecí me formó; contar lo que sucede en la calle. Que lo haga de manera independiente no significa ninguna diferencia. Soy periodista desde 1989. De una generación ucabista que ha llenado de orgullo nuestra #almamater

Y me preguntó, tú, el represor, el de Inteligencia, el perseguidor, el que llegó a la puerta de mi casa con refuerzos: ¿qué estabas haciendo tú en 1989? ¿Pensaste alguna vez que usarías una videocámara para perseguir a tus adversarios políticos? O ¿tenías problemas vocacionales? ¿Eso es la Revolución para ti?

Y, para que conste, lo aclaro a todos aquellos que se angustian porque quizás me expongo demasiado y no lo comprenden: No estaba en la vía pública. No tengo máscara antigás ni casco ni escudo ni molotovs -que tampoco es delito, por cierto- sólo una cámara y una libreta. Estaba en la propiedad privada en la que crecí. 

Sólo tuve un gesto altivo. De dignidad y desafío. Y los volveré a tener. Nadie tiene derecho a perseguirte, arrestarte, torturarte, desaparecerte o amenazarte porque documentas.



Bueno, claro, sabemos que eso sucede en dictaduras.

Y en guerras.

lunes, 15 de mayo de 2017

Niños en Resistencia

NIÑOS EN RESISTENCIA
Eran 5 niños y 2 niñas. Se arremolinaban alrededor del carrito de helados. Una mujer, por minutos madre prestada, había hecho una de las promesas más importantes que se le pueden hacer a un niño: "yo brindo los helados". El más grande de los varones, de unos 12-13 años, dirigía y apaciguaba el concierto de gritos, seleccionaba los sabores y los entregaba. Las dos chicas, pre-adolescentes tenían el rostro apenas cubierto y las ropas sucias. Un pequeñito, que llegaba tarde a la fiesta, comenzó a halarle la franela a aquella mujer: "señora. señora, bríndeme un helado". Si, claro, contestó ella con cierto azoro.
El de la capucha verde, con cicatrices de vacunas y una barriguita "pandeada" ya había recibido su premio. Un helado entre amarillo y marrón que devoraba con placer. Y, de pronto, sentí un alivio mínimo. Es cierto, el piquete de la GNB, las ballenas, los escudos antimotines, las bombas estaban por empezar su jornada de represión. Pero, al menos por un rato, había helado y oraciones y bendiciones y cariño para esos niños. Los #NiñosdelaResistencia
Esos niños que descalzos, sucios, vulnerables, casi invisibles, se encapuchan quizás pensando que es un juego o quizás sabiendo que la Revolución, lo único que han conocido, les debe mucho más que un helado.
LA NORMALIDAD
Hace semanas escudriño mis fotos. Y las de los extraordinarios reporteros gráficos que tiene Venezuela. Y las de quienes, sin ser periodistas, ni fotógrafos ni reporteros, se atreven a sacar sus cámaras y celulares y documentan. Y veo los rostros de la protesta. Y los de la Represión. Es curioso. Mucho es el parecido.
Los rostros de los GNB, por ejemplo, son de venezolanos criollos, ese moreno canela con ojos café. O ese con cara de gocho de ojos achinados y cachetes rosados. Son jóvenes. Mucho menos que la Resistencia, pero lo suficiente como para recordar que poco vivieron de la Cuarta República que ahora parece una entelequia.
Me obsesiona tratar de comprender ¿por qué? ¿Por qué alguien tan parecido a mi se siente tan diferente? Lo suficiente como para concluir que soy su enemigo y debe exterminarme como a un insecto rastrero: fumigándome. O baleándome. O atropellándome. O torturándome.
No me convence el argumento del bono en efectivo.
Si. Me aflige y me obsesiona qué sucede del uniforme hacia adentro.
Y pienso en el concepto de normalidad. O sea, ¿todos somos "normales" hasta que nos dan un poco de poder? O ¿todos somos "normales" hasta que nos dan un uniforme y un morral lleno de lacrimógenas? ¿Todos somos normales hasta que nos encapuchamos?
No sé.
Estoy pensando en voz alta.
Creo que esta situación, obviamente, no tiene nada de normal. Por eso seres "normales" nos transformamos en monstruos en segundos.
Quizás.
El otro día, en la azotea de mi edificio, mi hermano se estrenaba en esta ola de protestas. No había visto a los GNB apoderarse de la Autopista ni bombardear nuestro edificio. Yo fui la primera en decirle cuando intentó lanzar un primer y tímido insulto: "No grites que después nos fumigan". Uno a uno los vecinos se sumaron: "Si. No tienes experiencia. Ya estamos entrenados. No hay que gritarles".
No habían pasado más de 10 minutos de estas exhortaciones cuando un GNB empezó a pelear con uno de mis vecinos. Y todos pasamos, -como un Ferrari-, de absoluta normalidad y compostura al griterío feroz de una turba que está dispuesta a destrozar a quien venga.
El GNB se bajó de la moto. Hizo el ademán de subir. Nadie se rajó. Le gritamos más duro. Buscó algo en un bolso. Yo pensé que sería un revolver, algo más letal. Pensé que si decidían subir no habría hacia dónde correr. Pero no nos intimidamos. Llegó un punto en que mi vecino le gritó: "Ven y pelea con estas dos a ver si tienes bolas". Por supuesto que yo estaba entre "estas dos". Proferí insultos que ni siquiera sabía que sabía.
El GNB lo pensó.
Se fue furioso.
Pero antes disparó 1 bomba lacrimógena en la azotea. Directo contra nosotros que, técnicamente, sólo insultábamos. Se montó en su moto. Iracundo Pero regresó. Del otro lado de la Autopista. Intentaba llevarse a unos manifestantes atrapados en una de las calles de atrás. Gritamos a todo pulmón para defenderlos. Lanzó la segunda bomba y mi hermano casi se asfixió. Pura pimienta. Yo le gritaba: "no corras, no corras". Iba dando tumbos, ciego, chocando contra las columnas. Yo iba detrás de él con apenas un ojo abierto, Polifemo vigilante, para que él no se hiciera mas daño. Le di el Maalox.
Y me miró con cara de estupor.
Si, está desentrenado.
LA NOCHE.
Horas después, ya de noche, salí a dar una vuelta de reconocimiento por Los Chaguaramos, Santa Mónica, Bello Monte, Las Mercedes, Chacao, Altamira, Los Palos Grandes y El Rosal. Algunas barricadas aún ardían. Se notaba la batalla de horas antes. Y entonces observe un piquete enorme resguardado, oculto en la oscuridad en el Distribuidor Altamira. Asechando. Apenas unos metros más allá los ví: 3 muchachos de Resistencia solos a las 9 de la noche defendiendo una barricada.
Me acerqué. Conversé con ellos. No tendrían más de veinte. Y me fui con una angustia de madre. Yo, que nunca he parido, estos días soy madre de todos esos muchachos. Son mis hijos. Nuestros hijos. No logro evitarlo. Los padezco, los sufro como si fueran mis muchachos que aún no han regresado a casa. Ando con el corazón en la boca cuando los veo. Con sus escudos. Con su convicción. Con su derecho a la protesta y a soñar un país mejor. No sabía que esa mamá habitaba dentro de mi. Supongo que así nos sentimos todas, Las que parimos y las que no.
Sólo digo: no permitan que esos, nuestros hijos. Mis hijos. Los que tienen casa y los que viven en la calle, se sientan solos en su lucha. Acompañémolos. Es imperdonable que 3 muchachos con apenas una capucha, un escudo y un par de molotovs estén solos peleando esta pelea. Hay que estar. Ser responsables. Son nuestros hijos.
Nuestros hijos solos en un toque de queda de facto. En un Estado Marcial que ni siquiera aspira ya a disimularlo.