miércoles 16 de diciembre de 2009

El otro Presidente

Deliberadamente y haciendo un ejercicio casi zen, tengo por norma no caer en el monotema nacional. Es decir, procuro no hablar del Comandante en Jefe.

Digo mantras, hago ommmmm, cuento hasta 900 al derecho y al revés y, cuando no lo logro, me rocío un poco de agua bendita para espantar a mis demonios.

Hoy no puedo.

Tengo que decir algo.

Chávez en Copenhagen...wao!

Debo confesar que, como me hallaba en plena tercera fase de la elaboración del nacimiento, me tomó un poco desprevenida.

En medio del burrito, las ovejas, los pastorcitos y un montón de escarcha dorada, me dejé llevar por una sensación, -por qué no reconocerlo-, de cierto orgullo nacional. Después de todo y màs allá de cualquier consideración política, ideològica o hasta emocional, un venezolano estaba hablando ante un foro internacional de altìsima relevancia.

Y, mejor aún, estaba siendo escuchado.

Puse a un lado las lucecitas y la pega y me asomé a la televisión para corroborar que estaba leyendo el discurso.

Si. Sin duda, estaba leyendo. Rarísimo.

Y estaba elegantìsimo en un traje que, si no es de Scutaro, es innegablemente de altìsima factura.

Como digo, me tomó totalmente con la guardia baja y algunas partes del discurso, si bien no me gustaron, tampoco me disgustaron. Extrañamente, tuvo una cierta capacidad de sìntesis (supongo que obligada) y algunas de las cosas que leyó tuvieron mucho sentido para mi.

Casi parecìa que sabía de impacto ambiental, de cambio climático, de capa de ozono, de metas del milenio...

Cifras, datos, estadìsticas...7 por ciento de los habitantes del planeta producen 50 pr ciento de las emisiones de gases...50 por ciento de los habitantes del mismo planeta producen apenas 7 por ciento de esas mismas emisiones de gases...

Wao!

Volví a tomar el fieltro azul lleno de nubecitas y estrellas en mis manos y de repente comprendí.

Un fogonazo de sabidurìa popular me hizo despertar del embobamiento mediático del líder de la Revolución y recordé aquello que, insistentemente, me decìa mi Tía Nena refiriéndose a uno de mis tìos más malandros: "ése, ése es luz para la calle y oscuridad para la casa!"

Y entendì todo.

Con traje de firma, corbata roja y estampa impecable; con un discurso corto, leìdo y enfocado en un sòlo tema; sin gritos destemplados en contra de nadie y sin el ceño fruncido y tiránico de sus ademanes militares, ese no es el Presidente que conozco.

El de Copenhagen es un Presidente que sabe de cambio climàtico, que se preocupa por el ambiente, que tiene su casa en orden y que tiene todo el derecho de ir a reclamarle a los paìses ricos sus abusos en contra de los paìses pobres.

El de Copenhagen es un Presidente hasta creyente que menciona la cita bíblica del camello y el ojo de la aguja y el rico que no podrà jamás entrar al Reino de los Cielos

Si yo fuese uno de esos alemanes o daneses que han sido detenidos por la policìa a las afueras de la reuniòn mundial por el cambio climático estarìa absolutamente deslumbrada por esa luz potentìsima que acusa al capitalismo de destruir al planeta. Le creerìa cuando hace suya aquella consigna de "no cambiemos el clima, cambiemos el sistema".

Pero he allì el problema, precisamente allì: soy venezolanìsima. Habito en este magnìfico paìs y sé que apenas traspasa el umbral de la puerta de casa, el Comandante lo que aporta es "oscuridad para la casa". Literalmente, además. (Imposible, por cierto, no pensar que resulta casi cìnica la mención en ese comedido discurso del deslave del Avila y la tragedia de Vargas justo cuando, a 10 años, no se ha implementado ningùn plan que evite un nuevo desastre).

Pero en aras de la conciliación se me ocurre que tengo la soluciòn para el problema.

Es tan sencillo que casi me asombra no haberlo pensado antes.

Si es un asunto de "luz para la calle y oscuridad para la casa" lo ùnico que tenemos que hacer es no dejarlo entrar a la casa. Punto.

Asì no muta hacia la oscuridad.

O sea, la verdad es que a mi el Presidente que dió ese semipulido discurso desde Copenhagen me gusta más, me parece que ese señor podrìa hasta hacerlo bien ....desde luego me convence màs que ese militar gritòn vestido de rojo que pide café y le da òrdenes a un montón de franelas rojas que aplauden y se ríen de cualquier babiecada.

Seguro habrà quién analice muy brillante y exhaustivamente el discurso de Copenhagen. Lo leerè.

Lo ùnico que sé es que casi se me cayó el cielo del nacimiento encima cuando el Comandante de Copenhagen comenzó a parafrasear aquello de "si la naturaleza se opone lucharemos contra ella"..y es que me aterró el contrasentido, pero, peor aún, me trajo malos recuerdos de cuando la pronunció por aquellos dias de deslave.


El nacimiento? Tendrà que esperar a que esté de humor para la cuarta fase. Primero debo recuperarme de los efectos que dejò en mi ese Manual del Cinismo leìdo por el otro Presidente desde Copenhagen.

domingo 13 de diciembre de 2009

ESE DEMENTE QUE TENGO ENFRENTE

Por primera vez en bastante tiempo estoy TOTALMENTE de acuerdo con una decisiòn gubernamental. El Gobierno Revolucionario de la República Bolivariana de Venezuela tiene razón: Franklin Brito está loco!

No sé si estaba loco antes de comenzar su huelga de hambre hace más de 5 meses. La verdad, no lo sé. Me perdí el comienzo de esta historia. La primera vez que lo vi en televisiòn pensé que era un hare krishna. Parecía estar sentado en posiciòn de flor de loto con el torso desnudo. Tenía una mirada de iluminado que asustaba y no paraba de hablar de un montòn de temas técnicos y jurìdicos que no logré entender. Allì atisbé un asomo de insanìa mental. El que se asoma imponente cuando alguien està tan determinado a lograr un objetivo que ya no tiene nada que perder: El punto de no retorno.

Aún así, creo que no fue en todos esos meses cuando enloqueció, ni siquiera cuando le arrebataron sus tierras con toda la tradición legal y la titularidad que se remonta al siglo XIX o cuando su condición fisiológica se deterioró a niveles tan preocupantes que el INTI, a riesgo de que se diese en el paìs la primera muerte por huelga de hambre, se desperezó y se apuró a hacer promesas de medianoche de devolverle su patrimonio.

No.

Creo que Franklin Brito enloqueció cuando, tal vez por un microsegundo, se dignó a creer en la promesa de Cilia Flores y del INTI. Allí si perdió la cordura por completo -así fuera por un brevìsimo instante-. La recobró casi de inmediato cuando, tras leer el comunicado de prensa, sin valor legal alguno, se enteró de que el INTI no pensaba honrar su palabra de restituirle sus bienes.

Pero ya el daño estaba hecho, Brito había perdido la sanidad mental y eso demostró que es candidato perfecto para un estudio psiquiátrico en el Hospital Militar pues nadie, en su sano juicio, pone en riesgo su salud y la imagen de todo un gobierno socialista, a las puertas de la OEA, pensando que tiene ese derecho.

Còmo, si no, podrìa explicarse, no la temeraria testarudez de no ingerir alimentos, ni sueros, ni agua, sino su osadìa, rayana en la locura, de creer que tenìa derecho a ejercer su soberanìa personal en ejercicio de sus derechos humanos, civiles y polìticos.

Asì que, si, es razonable, ético y justificable llevarse a Franklin Brito en una camilla de manera violenta y llevarlo a revisión psiquiátrica para que ya su testaruda soberanía personal no pueda, por ley, seguir rehusándose a recibir tratamiento mèdico y alimentos.

El Gobierno Revolucionario de la Repùblica Bolivariana de Venezuela tiene razón: pretender ejercer el derecho a la soberanía personal, a la protesta contra el atropello, a cualquier tipo de reivindicación, es una verdadera locura. No es tolerable.

Lo que no sabía Franklin Brito era que le estaba abriendo al gobierno la posibilidad de hacer su aporte a la Psiquiatria, tal como, en su momento, lo han hecho los regìmenes chinos, soviéticos o alemanes, por decir algo. En una entrevista realizada a Natalia Gorbanevskaya, fundadora y editora jefe de la publicaciòn clandestina Chronicle of Current Events, quien pasò encerrada en el Hospital Mental Especializado de Kazàn de 1969 a 1972, Anna Politkovskaya registra: "Ya tenìan decidido diagnosticarme esquizofrenia. Habìan recibido òrdenes del KGB de enviarme a un hospital psiquiàtrico especializado para someterme a tratamiento obligatorio....Los psiquiatras opinaban que tener mis propias ideas, en vez de basarme en otras ajenas, significaba que debìa ser declarada loca". Politkovskaya asegura en "La rusia de Putin" que èste fue uno de los primeros casos de "represiòn psiquiàtrica" contra disidentes del règimen soviètico.

A lo mejor Franklin Brito tendrà tambièn ese dudoso honor. El honor de abrirle los ojos al gobierno ante el camino a seguir: todo aquel que diga que hay corrupciòn en la èlite bolivariana, que hay màs de un sicariato diario en Venezuela, que PDVSA tiene màs accidentes industriales que nunca o que no le gusta la fisonomìa del Comandante y se le ocurra gritar con fastidio: "ya no soporto ese demente que tengo enfrente!" està innegablemente LOCO!

Que empiecen a construir los psiquiàtricos, entonces, porque lo que viene es delirio colectiva y total!

jueves 5 de noviembre de 2009

VOY POR TI, ASTRID CAROLINA!

Hace un par de dìas un amigo publicò en su muro de Facebook una frase que me paralizò. No sè por què. A fin de cuentas no es que nunca la haya escuchado. De hecho, hasta la he pronunciado. Pero cuando leì: "aqui voy, sin complejos" todas mis alarmas se dispararon

No sè si es un tema de edad o què. Claro, innegablemente, la liberaciòn y desparpajo que se produce cuando uno arriba a los 40, influye. Se da, entonces, (para decirlo con un falsìsimo tono acadèmico) un proceso de autoaceptaciòn y autoconocimiento que produce un verdadero estado de serenidad y armonìa.

(Aqui, si mis conocimientos tecnològico-internàuticos me lo permitiesen habrìa que insertar una sonora y sarcàstica carcajada de duda. Imagìnensela. Ya yo la estoy escuchando).

Pero, en mi caso al menos, no es que a uno se le acaban los complejos y comienza a aceptarse tal y còmo es. No. En absoluto. Todo lo contrario. Creo que a mi me quitan mis complejos y no soy nadie. Muchas veces mis complejos me han librado de hacer el màs absoluto ridìculo.

Claro, no siempre. Recuerdo perfectamente aquella vez en la cual alguien inoculò en mi la absurda idea de que podìa competir en un concurso de madrinas con Astrid Carolina Herrera que, posteriormente, serìa Miss Mundo o Miss algo. Y nada màs y nada menos que en la Academia Militar! Si. Vergonzoso. Debì haber escuchado a mis complejos que me gritaban justo antes de desfilar por aquella improvisada pasarela. No lo hice y quedè marcada de por vida!

Y es que la verdad es que los complejos suelen ser algo bastante razonable. Digamos, uno se ve al espejo todos los dìas y sabe cuàles son sus puntos fuertes y cuales son màs bien negros. Durante años no usè colas de caballo a causa de mis orejas. Herencia paterna. Hasta tenìa un amigo muy querido que me llamaba Orejita. Un buen dìa decidì ponerle fin a esa situaciòn y me sometì a una fabulosa cirugìa plàstica para corregir el terrible defecto. Luego de un mes -o algo màs- de usar un turbante de gasa, descubrì que mis orejas eran màs tercas que yo y que, si bien una habìa cedido, la otra seguìa indomable e impertinente asomàndose al màximo por entre mis cabellos. Bueno, no me quedò màs remedio que abrazar mi complejo como quien da un abrazo de Año Nuevo y asumir que cada vez que uso cola parece que fuese a despegar del suelo...

Ni hablar de la obsesiòn que se posesionò de mi cuando todas las mujeres a mi alrededor comenzaron a aumentarse los senos. Empecè a ver los mìos casi con làstima. Visitè a un par de mèdicos y tuve el dinero en la mano. Me preguntè si la sensibilidad desaparecerìa o si quedarìan cicatrices. Vi màs senos en unos meses que la mayorìa de mis amigos y a todas las operadas les pedì que se levantaran la camisa y me mostraran su recièn adquirida belleza en hidrogel o silicona. Hice una investigaciòn sobre cirujanos plàsticos que hasta hubiera podido publicar...Sin embargo, una variedad de circunstancias se confabularon para que no me transformase en Pamela Anderson y todavìa hoy tengo el complejo. A ese lo acaricio cuando veo en la televisiòn a todas las valientes que ya se han operado.

Eso sin hablar del que se apoderò de mi la primera vez que me dijeron señora. Casi le pego con las bolsas al imberbe muchachito que deshizo para siempre mi ilusiòn de eterna adolescente.

Y ni què decir de complejos un poco màs profundos. Esos que me han impedido llegar màs lejos de dònde estoy o que, precisamente, me han traìdo exactamente hasta este punto. Como el que me hace sentir que ningùn esfuerzo o logro es suficiente porque en la familia en la que nacì ni ganando el Nobel dos veces eres lo suficientemente arrecho.

De veras, no serìa nadie sin mis complejos, les he tomado cariño y los tengo clasificados a todos primorosamente en diferentes frasquitos con etiquetas de colores. Asi, cual si fuesen pocimas de algùn viejo boticario, me los autoprescribo cada vez que me enfrento a alguna nueva situaciòn.

Por supuesto que hay dìas en los cuales salgo tan de prisa que no me da chance de abrir ningùn frasquito y entonces si, salgo al mundo desnuda y sin complejos. Esos dìas no hay quien me detenga y hasta se me ocurre preguntarle a algùn desconocido si ha visto por ahì a Astrid Carolina Herrera para invitarla a un nuevo duelo.

miércoles 14 de octubre de 2009

Karim no conoce a Obama

Seis euros en el bolsillo, doce anos y una guerra que abandonar.

A Karim lo encontraron a punto de abordar un tren en Torino. Jovencisimo. Aterrorizado. "En casa no tengo a nadie. Mi familia està muerta".

No es el primero, ni serà el ùltimo. Ninos que huyen de la guerra, de cualquier guerra. Desplazados de su infancia, abandonados a una suerte incierta. "Aqui estoy de paso. Quiero llegar a Inglaterra. Ninguno me espera pero me las arreglaré. Me han dicho que en Londres hay muchos afghanos"

Karim llegò desde Grecia en un camiòn y en la parada de Limone Piamonte lo detectò la policia de fronteras a punto de abordar el tren Torino-Bologna. Le dieron de beber, de comer y quizàs ahora lo acojan en Italia. Una Italia que con Karim se muestra compasiva pero que, "con la faccia feroce", se niega tercamente a aceptar las diferencias. Una Italia que, por ejemplo, rechaza una ley a favor de la comunidad gay despenalizando, de facto, los ataques homofòbicos que, apenas el lunes en la noche, dejaron desangràndose a dos chicos en Roma. Culpables de ser gay, de ser diferentes. Violencia homofòbica cotidiana y, aùn asi, una Italia que es mucho mejor que el horror dejado en casa.


Y mientras Karim se armaba de valor para abandonar todos sus territorios conocidos, mientras se llenaba de coraje para abordar un tren y dejarlo todo, Barack Obama,- que enviò ya un refuerzo de 13 mil soldados a Afghanistàn como revelò el Washington Post hace algunos dias-, recibia el Premio Nobel de la Paz.

Supongo que Karim ni siquiera se enterò.

jueves 1 de octubre de 2009

Album

¿De qué están hechos los recuerdos?

Anoche me asaltó esa interrogante. Qué sustancia contiene en mi memoria todos aquellos recortes de chocolates savoy que mi mamá portaba al carro para delicia de mi hermano y yo? De qué está hecha aquella tarde en un parque de Santa Paula cuando mi primer amor no alcanzaba a comprender lo sola que me sentía? Qué continúa sosteniendo en mi mente aquellas tardes de pesca con mi tío Rafa y mi mamá en las que yo simplemente observaba a los cangrejos perderse entre las piedras?

Me gustaría saberlo. Hay días en las cuales el equilibrio bioquímico de cualquiera que sea esa sustancia se me altera y olvido todo de golpe. Otros, es más bien lo contrario, entonces comienzo a recordar cosas insólitas. Recuerdos nuevecitos que, por nuevos, me parecieran ser ajenos, totalmente de otra persona. Y muchas otras veces, casi me gustaría comprar uno que otro recuerdo usado. Son esas tardes en las que ninguno de mis recuerdos me satisface, en las que pareciera que todo lo que hecho, vivido o pensado ha sido en vano, ha sido futil o inútil.

Hoy, sin embargo, no necesito ir a esa suerte de mercado de los recuerdos porque hoy, por ejemplo, me acuerdo de la primera vez que vi a Plácido Garrido en la 104,5 FM. Con su bigote legendario y sus pequeñisimos ojos azules me miró con cierta displicencia. Nos caímos bien de inmediato. Fue asi como, entre avances y noticieros, llegamos a la conclusión de que seríamos amigos. Es curiosos como se archivan los recuerdos en la memoria de cada quien. Para algunas personas basta con una palabra: Plácido = "ácido". Su aire socarrón y su fingida indiferencia se traducían para mi en "ácido". Y así, aprovechando su agudeza e ironía y mi tiempo libre entre noticias, comenzamos a sistematizar su "acido" de las mañanas. recuerdo, además, sus 27 experiencias psicodélicas y su rechazo a lo no estructurado. Si, curiosamente, al Plácido que conocí no le gustaban demasiado las sorpresas. Aún así, tenía una irreverencia innata que le hacía reirse a placer de cuánta locura se me ocurría escribirle para sus microavances matutinos. Salía de la cabina con los ojos brillantes y con una sonrisa malévola apenas contenida.

Y aquel recuerdo abre la puerta a una avalancha de tantos otros contenidos no bajo la palabra "ácido" sino bajo la categoría "la radio", porque para mi la 104,5 FM seguirá siempre siendo "la radio" a pesar de que he trabajado en muchas otras. En aquel submarino se quedaron Joffre Maestracci, el Chino Gamboa, Eli Bravo, Unai Amenabar, María Isabel Párraga, María Belén Hernández, Porfirio Torres y muchos más y un montón de trasnochos por la guerra en el Golfo, tras la invasión de Kuwait, y un montón de viernes montando Enclave con Julio Mota. Vaya si hay sustancia en ese submarino!

Lo raro es que no los tengo agrupados bajo "submarino" sino bajo "la radio". ¿Por qué será?

De verdad me gustaría saber que sustancia contiene esos recuerdos intactos en mi memoria. Tan indemnes a los efectos del tiempo que no puedo evitar sonreir cuando se destapan.

Y, paradójicamente, hay noches, fiestas, personas, situaciones que no recuerdo en absoluto. Afortunadamente tengo una suerte de memoria extendida en mis mejores amigos que, casi invariablemente, me preguntan con tono casi desesperado: ¿pero de verdad no te acuerdas? No, no me acuerdo. Será que tengo aquella sustancia mal repartida.

Hay recuerdos que se desencadenan con canciones, otros con olores, otros simplemente me asaltan al secuchar una voz o al mirar al horizonte. No se que los contiene ni de que están hechos. Sólo sé que para mi los recuerdos son una prueba irrefutable de lo relativos que pueden ser el tiempo, la distancia y la muerte, pues aún recuerdo a Luis Alfredo y sus fabulosas tortas que vendíamos en el Mercado de los Corotos del Autocine de Los Naranjos. Esas que invariablemente salvaban la patria a la hora de las cuentas. Lo recuerdo como si fuese ayer y él también se fue hace ya demasiado tiempo.

Por supuesto que también tengo mi cuota de malos recuerdos. Sin duda. Esos no quiero borrarlos, pero hablaremos de ellos otro día. Quién sabe, a lo mejor están hechos de una sustancia diferente de los que me hacen sonreir o conmoverme...

Pienso, sin duda, que lo que hace única a una persona es su manera de percibir sus experiencias y su entorno y la traducción que hacia afuera hace de ello. El album de recuerdos que cada quien hace de su tránsito por la vida es una prueba de ello.

viernes 28 de agosto de 2009

POLICIAS Y LADRONES

Me encantan esas historias en las cuales una persona asume una falsa identidad. O la identidad de otro. Marina Baura en La Usurpadora em enseñò cuàn divertido puede ser jugar a ser otro. Asi que toda la idea de ataviarme con las maneras, los atuendos y los valores de otro francamente me fascina.

Por ende, esta mañana cuando escuché en la radio la historia de un falso carabiniero recién capturado, no pude menos que sentir una cierta complicidad y admiraciòn por aquel hombre con dos mujeres que para poder mantener esa doble vida amorosa usaba una identidad de falso uniformado.

Lo mejor de todo fue lo que, con tono divertido, comentaba el locutor: él no ponia su foto en el carnet de carabiniero sino la de un actor famoso de los 70's. El hombre sacaba el carnet y aseguraba irse en misiòn por varios dias. Me preguntò si la esposa, simplemente, habia optado por hacerse la tonta y amaba a su mitomano infiel sin mayores conflictos.

En ese caso, los carabinieri reales le robaron su historia de amor. Le estropearon su fachada de mujer estupida que cree que la foto de un actor famoso, aunque sea de lejos, es la cara de su marido, ese mismo hombre con el cual se despierta todos los dias. Ahora el hombre sabe que ella sabe.

Ni que decir de la amante, que le seguia el juego amorosa cuando "il carabiniero" queria jugar a Mission Imposible y se disfrazaba de espia pero no llegaba ni a Superagente 86.

Apuesto que, si los carabinieri estuviesen comandados por una mujer, esta hubiese sido lo suficientemente sensible como para dejarle al pobre hombre su carnet. Solamente por solidaridad con aquellas dos mujeres. Sabiendo todo lo que las mujeres hacemos por ellos.

Sin ànimo de entrar en esa postura sexista y reduccionista de la guerra de los gèneros debo decir que, a veces, los hombres saben muy poco sobre la mente femenina...

Y, ademàs, es, ciertamente, muy dificil distinguir entre policias y ladrones.

Si tuviese alguna influencia en el caso pediria que le devuelvan su carnet de carabiniero a aquel hombre y lo dejen jugar en paz.

Lo pediria, sobre todo, por mis dos colegas de género :) a quienes la vida amorosa y sexual se les acaba de ir francamente a pique.

miércoles 12 de agosto de 2009

MOMENTOS DE MISA ESLOVENA

El domingo pasado era San Lorenzo en Brestovica. Patrón del "paese". Misa, procesión y fiesta.

En un afán por comprender lo que me rodea me fui a la misa. La iglesia es pequeña. Sencilla. Fue restaurada hace un año. Al fondo San Lorenzo presidía el retablo y las señoras del pueblo se habían puesto sus galas para participar en el ritual.

Una vez en la misa, en medio de un calor que hasta un caribeño resiente, observo a la señora que se ha pintado el cabello de rosa (nunca falta) y la otra viejecita con pañuelo de flores que suda copiosamente o la vecina, la Señora María, que analiza todo con sus pequeñisimos, pero inquisidores, ojos de pájaro. Hay un bebè que asemeja un querubin, està inquieto, y los hombres no lucen demasiado interesados.

Comienza el sermòn a cargo de un fray ex-drogadicto que se sabia todos los santos de cada dia del año ya a los cuatro años.

Obviamente, no entiendo nada. Niente. Rien. Not a thing.

Asi que me concentro en sus inflexiones, en su sonrisa, en sus manos y en la sotana que, de un rojo intenso, pareciera tener una hoz y un martillo como me ha susurrado alguien al oido.

Es demasiado absurda y demasiado divertida la situación. Casi me da un ataque de risa. Me muerdo los labios y enfoco mi atención en las reacciones de la feligresía.

Nada.

Nadie es bondadoso al punto de brindarme alguna clave de por donde va la misa, de donde esta el Padre Nuestro. Ni siquiera reconozco el amén.

Y empieza el coro.

Un grupo de señoras muy entusiastas que, al mando de un señor de faz muy sonrosada, comienzan a aullar lo que supongo ha de ser una canción religiosa. La iglesia se demasiado pequeña y el estruendo es de decibeles IN-SO-POR-TA-BLES. No dejo de pensar que si Simon Cowell (el de American Idol) estuviese acá hubiese corrido despavorido.

Me muerdo los labios de nuevo. Ahi viene la risa. No puedo.

No dejo de recordar la escena de una película cuyo nombre se me escapa donde un coro griego divertidísimo enfatiza todas las situaciones por venir..

Veo al sagrado Corazón de Jesús y comienzo a dialogar (mentalmente, claro) con él y en un punto le pregunto: "Supongo que no esperarás que te hable en esloveno. Supongo que hablas español. O no?" No me responde y me queda la duda: será que Jesús en Rusia habla ruso y en China habla chino y...Dios...estoy desvariando totalmente. Ese es el efecto que me hace la misa en esloveno.

Cuando comienza la fila para acercarse al altar, pienso que van a tomar la ostia y recibir la bendición. La comunión, pues. No. Craso error. Es la cola para que, aquellos que pueden, den sus donaciones al Santo.

En ese momento decido que ni siquiera los puntos claves y repetitivos del ritual me salvarán de esta incomprensión absoluta. Me siento como una mezcla de un personaje de Woody Allen y de Mr. Bean y decido salir.

Aire.

Y es que hay períodos asì.

Momentos de misa eslovena.

Momentos en los que no entiendo nada en mi vida.

Y, por más que hago el esfuerzo, no logro salir del aturdimiento.

Teóricamente, uno sólo debe dejarse fluir y escuchar al corazón. Creo que el mío está un poco disfónico por estos días... supongo que podría aprender a rezar en esloveno.

Esperaré a ver si alguien me ofrece la ostia o buscaré algún pozo de agua bendita eslovena.

Amén.