domingo, 3 de febrero de 2019

El día en que el gas se acabó...


I.
No hubo gas. Ni represión. Ni detenciones. Nadie fue perseguido, violentado, amenazado por disentir, por protestar. El Foro Penal, esa ong imprescindible, heroica, fundamental, lo expresó en un tuit escueto, sin aspavientos.

Tienen idea de lo que eso significa? De lo trascendente y sintomático de ese cambio?

Pienso en la Ley de Amnistía. En la cantidad de pancartas dirigidas a la FANB que desfilaron ayer por Caracas, por el país entero.

Yo, la escéptica, la curtida, la que ya no cree en nadie, creo.

II.

Nunca vi una sonrisa igual, una alegría así. Su felicidad brotaba de cada célula de su cuerpo. Le pregunté: "usted cree que esta vez si? Sus ojos brillaron: Si va! Está seguro? insistí buscando algún resquicio de duda. Si. Si va! y su pequeno y famélico cuerpo moreno se sacudió con un corrientazo de esa alegría colectiva que estremeció al país este 2 de febrero. Se fue empujando su carrito de helados por la principal de Las Mercedes.

Resulta que la alegría estaba allí agazapada. Oculta tras ese manto gris de tristeza, apatía y desamparo con el que nos cubrió la Revolución. Especialmente en estos últimos a;os. Los terribles y trágicos a;os de Nicolás Maduro. El legado.

Pero es que si cuando luchábamos con rabia, con una rebeldía sorda, con una furia te;ida de dolor e impotencia, sonreíamos para las fotos. Y nadie comprendía como podíamos protestar bailando, imagínense ahora, que la alegría, la esperanza nos tomó por asalto.

"Queremos guisky. Queremos ron. Que no se meta con la cerveza ese guevón" gritaba un grupo que bailaba por la Francisco de Miranda. Venían de La Urbina. Ese era el tono. Ese el estado de ánimo del país. Enganchado, aferrado a esta última posibilidad como aferrado está el tirano y su élite al poder.

Aún no hay cese de usurpación. Y eso me inquietaba, me inquieta profundamente pero ahora si: I'm a believer. Esta vez, si.

III.

No sé si hemos aprendido o estos a;os pasarán como una pesadilla oscura, tenebrosa. Espero que si. Que los muchachos, los ni;os, los adultos que entregaron sus vidas tras un escudo de cartón o por falta de dialisis o alimentos se enorgullezcan de nosotros allá donde se encuentren. Pienso en Bassil yendo a su primera manifestación o en Neomar con su sabiduría adolescente o en Geraldine en el porche de su casa o en Diego Arellano sonriéndole a Dios. Pienso en los presos políticos que no comenzaron con la tiranía de Maduro porque allí está Iván Simonovis y los agentes de Polichacao para atestiguarlo. La persecución comenzó antes. Mucho antes. Desde el principio. Cuando asesinaron cantidad de dirigentes campesinos y sindicales. Cuando la Revolución justificaba todo. Pienso en los estudiantes que fueron objeto de violencia sexual y pienso en todos nosotros que hemos padecido durante a;os la violencia verbal, política y económica más persistente y tenaz de nuestra Historia reciente.

Durante estos a;os áridos, terribles se cerraron los pocos medios de comunicación social independientes que quedaban. Se llevó la censura a extremos inimaginables. Se persiguió, detuvo y acorraló a periodistas.Pero no fue, ni de lejos, el único gremio maltratado. Si no que lo cuenten los médicos, los profesores, los abogados, los enfermeros.

Durante estos a;os áridos, terribles fueron los primos, los amigos quienes tomaron en sus manos la responsabilidad de cuidar de sus afectos. Enviaron cajas con alimentos y medicinas, enviaron remesas, llamaron, cuidaron, nutrieron. Esa Venezuela portátil, itinerante, de corazón enorme y generoso cuidó desde lejos a su cuna y a su gente. Como no sentirse eternamente agradecidos por eso? Seguirán haciendo falta. Todavía esto no está listo. Pero les digo algo: Los que quieran, tengan la certeza, podrán volver.

IV.

Juan Guaidó es un rockstar. Euforia, alegría, entusiasmo. Ayer estaba ronco. El mar de gente era tal que cuando llego cerca de la tarima le quedan apenas 7 minutos de discurso: "el momento es ahora. Si se puede". Y la gente jura. Parece que a Guaidó le gustan los juramentos. Le bajo dos a mi siempre crítica postura y veo los rostros de la gente: felices, esperanzados, convencidos.

Al cierre suena el Himno de la Alegría. Los asesores del Presidente encargado han comprendido muy bien la necesidad de la gente de volver a ser felices, de escapar de esta miseria impuesta por un régimen destructor que ha devastado al país y que parecía haber arrasado con el espíritu de la gente.

La gente, los sobrevivientes, hemos resultado más fuertes. Nuestro espíritu indomable, irreverente, caribe ha sobrevivido a este campo de concentración revolucionario en el que se nos privó de alimentos, medicinas, libros, arte, felicidad. Hemos podido más y la alegría de ayer lo demuestra.

Falta mucho.

Todavía no hay cese de usurpación.

Pero ahora, cada vez más 'entregadamente' I'm a believer.

viernes, 25 de enero de 2019

Las otras historias


#Notassueltasdealguienqueamapatearlacalle

"Vengo de Oriente. De Cariaco. Allá no hay nada. La gente se está muriendo de hambre. La gente sólo come pescado y yuca. Y los ninos, fororo solo' me cuenta el vendedor de cilantro a quien vi a las 11 am en Plaza Venezuela y que a las 4 de la tarde aún camina por Chacao con sus ramitas ya mustias en la mano. Es jóven, 32 anos. Quiere cambio. No vio la juramentación de Guaidó ni sabía que Nicolas Maduro había roto relaciones con USA.

"Estoy ocupada, estoy ocupada" casi gritó la senora que sentada cosía un conejito de peluche en una de las aceras de Catia. No hizo contacto visual. No soltó la aguja. Su marido, el senor con las piernas llagadas, preguntó con desgano> qué quiere? Contesté yo aún sabiendo que era tiempo perdido 'Hablar con ustedes". El hombre, severo, arisco, tampoco hizo contacto visual ni pronunció más palabra. La mujer, casi una anciana prematura, insistió: 'estoy ocupada, estoy ocupada' Me sentí succionada por el agujero de Alicia en el País de las Pesadillas..

Le cosían un zapato de goma. Estaba allí sentado en plena avenida, sólo en medias, conversando con el zapatero remendón. Ojos miel y sonrisa desalineada y rebelde. Sacó el escudo mayor: 'Yo no creo en política. Sólo creo en Dios". Ante la insistencia bajó la guardia, conversó. "Pero nada de entrevistas'

El mototaxista de Chacao. Ese de la esquina del Supermercado Luz tenía alborotados y embelesados a sus colegas. Se reían, argumentaban. Me acerqué. Sus companeros dijeron que él era chavista. Que si quería entrevistar a alguien, él era el hombre. Pero el hombre se cerró> "Yo soy apolítico. Ahora no soy ni de uno ni de otro'Y eso por qué? De qué depende? 'De la plata" Ah, entiendo...

Plaza Altamira está semivacía. No hay disturbios, ni manifestación, ni gas como me habían dicho. Sólo hay un pequeno grupo de jóvenes que se alistan, impacientes, para 'dar la cara por la gente'. Indefectiblemente su energía me atrae. Tienen de 15 a 23 anos. Aseguran estar en las calles desde el 2014. Las muchachas son casi las primeras en hablar. Tienen un discurso articulado y guerrero. Y entre ellos se respetan. Sin importar si eres 'cachorro' o si eres mujer u hombre. El muchacho alto, con franela rosada tapándole la cara, desborda carisma. Me conmueven. Hablan de sus padres 'jodiéndose con 3 y 4 trabajos". Hablan de la necesidad de 'que la gente se alce', hablan de que les 'están robando su futuro y a los ninós, su ninez y a los viejos, sus familias'y yo tengo que irme para evitar adoptarlos a todos y pasar de periodista a madre, a psicóloga aficionada, a senora que llora sin poder evitarlo.

Me alejo rezando por ellos.

Las otras historias. Las pequenas. Las mínimas. Las que me gusta contar.

Un azul y agradable calor


     Un país que no se doblega. Una gente indomable. Terca. Persistente. Una gente que pasó Navidad de 2018 replegada, apagada, renuente a la felicidad impuesta con lucecitas desde Miraflores. Agobiada por una hiperinflación que devasta cualquier presupuesto. Esa es la gente que en enero de 2019 encuentra un rumbo, una alegría, una esperanza renovada. Parece que estábamos agazapados sólo esperando la senal para volver a demostrar de qué estamos hechos.

Es cierto: Venezuela está devastada. La miseria se sienta en las aceras a vender lo que otro, más afortunado, consideró basura. Botas de gamuza gastadas y rotas, munecas con el cabello hirsuto, peluches remendados, vestidos de gala que estaban de moda en los 90s, mezclados con opacos y oxidados repuestos de bano y toda suerte de objetos que no me atrevo a intentar identificar. Muchachas muy jóvenes, casi ninas, se ofrecen al mejor postor y los más vulnerables han sido amputados por falta de medicamentos. El metro es un infierno de sudor, desaseo e historias de desespero y enfermedad. Cada vendedor ambulante, hombres jóvenes en su mayoría, tiene una historia diaria de supervivencia. Uno tiene a su novia "prenada" y no sabe nada de ninos. Otra, más feroz, habla de lo difícil que es para una mujer una colostomia y pide ayuda, algo , lo que sea para poder comer.

Son esos, los más vulnerables.Los que huelen mal y tienen llagas sangrantes en las piernas, los que no se han enterado de la juramentación de Juan Guaido. No tienen televisor. Viven en las calles. Pero si tuvieran, tampoco tendrían acceso a televisión abierta e independiente. Conatel, Comisión Nacional de Telecomunicaciones ó algo así está muy activa'estos días. La censura es extrema. El blackout informativo sin precedentes. Mientras tanto, el bombardeo informativo por Venezolana de Televisión es inmisericorde> caras uniformadas que apoyan a Nicolas Maduro irrestrictamente. Que acusan a la oposición de establecer 'un gobierno paralelo'. Si. Irónico, descarado. El mismo gobierno, la misma Revolución que desde sus inicios se dedicó a establecer sindicatos paralelos, alcaldías paralelas y ministerios paralelos, acusa a la oposición de emplear sus tácticas.

Pero no. Para los que todavía no lo comprenden: el 23 de enero se produjo el cabildo más contundente de la Historia de Venezuela. Ya hubiera deseado Madariaga esa masividad. Hay quien incluso dice que ni siquiera Hugo Chávez logró convocar tanta gente. Yo no lo sé. Lo que si sé es que la gente, esa enorme y diversa masa de gente, terca, indomable, persistente, proclamó a Juan Guaidó como Presidente Interino de Venezuela. No fue un acto solitario de un loquito ebrio en una plaza vacía. El ágora estaba a reventar. Como si Freddy Mercury hubiera resucitado y estuviera en concierto en Caracas junto a Metallica y Guns n Roses.

Y, en medio de todos estos eventos, dada la desinformación, dada la psicosis por lo básico, lo urgente, por la supervivencia, las calles están llenas de venezolanos que aparentan normalidad. Las protestas ahora son nocturnas. En los barrios. El perrocalentero cuenta que el Faes y el grupo antiterrorismo subió a la zona 7 de Petare y se voló a 6 en una sola noche. Habla de ajusticiamientos. La muchacha del banco cuenta que en Capuchinos saquearon la Panaderia San Juan de Milano, arrasaron con el Banco de Venezuela, pero que donde se dieron gusto fue en Prolicor. Saqueos y plomo. Y Catia amanece serena cuando la camino, todos los vendedores de alimentos en sus puntos de venta. Los colectivos, y que discretos, apostados en las esquinas vigilan muy de cerca a la gente que teme dar su opinión si te identificas como periodista.

Como explicar la emoción de ver a los jóvenes bajar del cerro en Catia? Esa combinación de susto con incredulidad con angustia casi materna con 'çono, por fin!' y 'mejor no me emociono'. El Observatorio de Conflictividad Social y Provea contabilizan 26 muertes confirmadas. Pero no son muertes casuales, son asesinatos. Todas esas personas fueron asesinadas con armas de fuego. Ajusticiadas por FAES y grupos parapoliciales y paramilitares de vieja data en la Revolución. Grupos de exterminio. Por las historias que cuenta la gente, 26 parece un número tímido, inexacto. Esa misma ong senala que en 2018, un ano sin 'guarimbas',término que no acuno ni me gusta para nada, hubo 12 mil protestas por temas sociales. Leáse: agua, medicinas, salud, gas.

Enero da un giro y las protestas son por derechos políticos y civiles. Sumadas a las sociales y económicas, por supuesto.

No estábamos dormidos, ni resignados. Nunca lo estuvimos. Estábamos latentes.

Es cierto: Esto es diferente. Completamente diferente.

Y lo sabemos.

jueves, 13 de septiembre de 2018

PATRIA: Nada es personal

Hace un par de meses -y luego de más de año y medio de fotos en espacios públicos incómodos o directamente prohibidos- nació mi primer Fotolibro.

 Derivó de la inquietud que me ha obsesionado desde que se instaló la Revolución Bolivariana en Venezuela y su incansable maquinaria propagandística y comunicacional y sus efectos sobre el ciudadano común. Hoy leo que alguien lo define como exterminio psíquico. Resuena en mi esa expresión.

Así que, sin más intro, éste es Patria: Nada es Personal.

 Por cierto, prueben a grabar un video mientras intentan respirar bien, narrarlo, sostener la cámara del celular y pasar las páginas del Fotolibro. Tough. Quedaría así de shaky y unprofesional como quedó éste. Igual no he querido cambiarlo. Me parece mucho más auténtico mantener esta versión. Al menos por ahora.


martes, 30 de enero de 2018

CARACAS POP: 50 de 450

     En  1967 sacudía sus cimientos como quien se despereza luego de un sueño demasiado largo. Altamira y Los Palos Grandes sufrieron la peor parte pero, aún así, en Las Acacias me cargaron escaleras abajo en una carrera inesperada. Caracas nunca decepciona: cuando crees que la conoces, te da un revolcón.


    Caracas es una ciudad. Pero también es una atmósfera, una banda sonora, un collage de sabores específicos y una serie de momentos que te construyen como persona. Y un grupo de personas que, con cada década, dejan su impronta en la ciudad y en la memoria de quienes la habitamos.

CIUDAD SAVOY.

     Aquella ciudad de los tempranos 70´s era del tamaño de aquel Mustang blanco con asientos color vino tinto a bordo del cual íbamos a buscar recortes de chocolate en el Edificio Savoy en Sabana Grande. Y sonaba a Pata Pata de Miriam Makiba y a Eva María de la Fórmula V. Era también aquel viejo Volkswagen amarillo que estacionábamos fuera de aquel galpón que era la cocina trinitaria de Rita`s Cook en Bello Campo o el Tropi Burger de Las Mercedes al que acudíamos con apetito voraz.

     Pero también era los San Ruperto por la Avenida Victoria y aquella iglesia diminuta de la Parroquia San Salvador y la panadería San Pedro al lado del Colegio San Pedro al lado de la Iglesia San Pedro donde desayunábamos -de vez en cuando- chuchos recién hechos con café con leche. Y aquella iglesia laberíntica en comunicación con el colegio donde, por algún descuido de las hermanas y algún exceso de curiosidad u osadía, terminé robando algunas ostias. Entonces tomaba lecciones de Catecismo para aquella Primera Comunión con tarjetas de pergamino repujado y la bizarra y excluyente opción de traje de monja o traje de novia. Para variar, no fui ni novia ni monja sino un invento extraño con cintillo en los indomables rizos que no tenían cabida en la época del Imperio Drene y aquella cuña de las morochas “pelolindísimo” en la iglesia de domo dorado que aún hoy es hermosa e imponente.

     Si, esa misma parroquia donde el actual Presidente de la República asegura haber nacido. Ese espacio de niños donde todos nos conocíamos.

     Pero mucho antes de eso, Bimbolandia -el parque de atracciones de Los Símbolos- con sus carritos chocones y sus cotufas y sus algodones de azúcar y luego aquellos refrescantes zumos de naranja de Mi Juguito. Y los chocolates Savoy de avellanas, almendras o frutas a 0,75. El mítico real y medio repartido en 12 cuadritos de gloria derritiéndose en la boca de una niña que jugaba pisé y al escondite en la calle con el resto de imberbes de la cuadra sin preocuparse demasiado. Era la época en la que RCTV y Venevisión eran enemigas acérrimas y luchaban por el rating enfrentando a Lupita Ferrer y José Bardina en La Zulianita con Marina Baura y Raúl Amundaray en La Usurpadora

    Cambios en las reglas de casa prohibieron las novelas luego de estar ya enganchada, así que escapaba cuando ya todos dormían -y en un volumen casi inaudible a escasos centímetros de la pantalla de un enorme televisor en blanco y negro- vivía los vaivenes y vicisitudes de la siempre sufrida Lupita Ferrer que, muy eventualmente, lograba un break con aquel idolatrado galán. Pero no rompía del todo las reglas, me volteaba pudorosamente cuando llegaba el momento del beso.

     Una ciudad ingenua que también sonaba a Dimensión Latina y a Taboga, Taboga mía y a  Rafaella Carrá que quería Fiesta.

    Era también aquel salón lleno de hare krishnas y bigotudos escuchando conferencias sobre abducidos y nombres armónicos espaciales de expertos en ovnis. La Caracas de Pancho Massiani y su Piedra de Mar y de las patotas y el Drugstore con sus perros calientes de 1 metro y sus gigantescos vasos de cerveza o los regalos enlatados y el Parque El Tolón. Era la ciudad del Secuestro del Niño Vega, del Monstruo de Mamera y de 4 Crímenes 4 Poderes que dieron lugar a una exposición espeluznante en la Zona Rental de Plaza Venezuela.

LEYENDAS DEL POLIEDRO

     Y de pronto El Rosal, con sus convencionalismos de clase media y sus sobrias quintas que coqueteaban con edificios pequeños de nombres Bilbao y Arantxa en honor al linaje vasco. Y una bicicleta Miyata con 6 velocidades para recorrer Las Mercedes con aquellas casas enormes, Valle Arriba con sus empinadas vías y viveros y Santa Fe… sorteando callejuelas, campos de golf e imponentes árboles. O Campo Alegre, Chacao, Los Palos Grandes y Altamira. De pronto la ciudad era mucho más grande con esa autonomía recién ganada en dos ruedas.

    La primera visita al Poliedro sería –si, esto es embarazoso- para ver al Chavo, a Kiko, a La Chilindrina. La segunda, para maravillarme con el Teatro Negro de Praga y su magia. Pero la tercera, esa sí que valió la pena, fue el intento fallido de colearme en el concierto de Peter Frampton. Escuché Baby I love your way afuera, semi maquillada y con unas hermosas sandalias de cuña y lona que no lograron convencer a ningún portero. El mismo intento fallido tuvo lugar cuando vinieron la Pantera de Boston, -todavía recuerdo la voz de Valdemaro Martínez anunciando On my Honor de Donna Summer en Éxitos 1090 cuya sede era una diminuta quinta que quedaba a cuadra y media de mi casa y que alguna vez logré visitar- y Asia. El ahora mítico 4,30 por dólar estaba vigente desde 1960 y Caracas era epicentro de toda gira musical que se preciara. Desde Rush, Toto, Van Halen, Nina Hagen hasta El Gran Combo de Puerto Rico y The Negrese Verts o Mecano. Todos venían. Era Caracas: una ciudad insomne con la gente más abierta y cosmopolita de la región.

     Y llegarían como una revolución gastronómica las donas de Kinky Donuts que hacían juego con la obligatoria franela surfista de Ocean Pacific. La vida, sin duda, era más simple entonces a pesar de que nos encontrábamos a las puertas de los 80s con su New Wave y Police y su Do Do Do Da Da Da y aquel premonitorio y alucinante álbum de B 52´s y su Private Idaho que sólo podía acariciar en la tienda especializada de Sabana Grande o de Chacaíto cuyos nombres se me escapan. Y aquella letra pequeña que rezaba: “el disco es cultura”.

     Sin duda, las ciudades son criaturas vivas que se nutren y retroalimentan de quienes las habitan en momentos específicos. Son atmósferas, sonidos, aromas y enormes lienzos de posibilidades para la creación y la destrucción. Ambas semillas están allí, latentes, esperando el momento para estallar y materializarse.  El caos de hoy era ya incipiente en aquella perezosa ciudad de los 50s a la que arribaron mis padres para estudiar en la UCV y enamorarse. Pero era imperceptible. Había que observar con demasiado detenimiento. Y tener, quizás, mucha pero mucha imaginación para avizorarlo. Estaba allí en El Hipocampo donde bailaban mis tías. Pero ellas no tenían manera de saberlo. Ni de intuirlo. Aquella era una sociedad ingenua y esa ingenuidad permeaba a la ciudad.

     Y fue quizás esa ingenuidad la que permitió que algunos monstruos creciesen sin control. A placer.

CARACAS GROOVIE

     Llegarían con algo de retraso, como siempre en aquella aldea que aún no era global, las ideas de Marx y Lenin. Las discusiones en círculos académicos. Y surgió el término ñángara. Y se escucharon en Radio rumbos y Yvke Mundial aquellos primeros éxitos de Alí Primera sobre los techos de cartón y el patrón mordiendo al obrero y las caras bellas de mi gente negra de Cheo Feliciano. Había afros y plataformas deambulando en las adyacencias del Gran Café, en las cercanías del Techo de la Ballena y nacieron aquellos primeros graffitis que mostraban el descontento tímido de algunas minorías. O ¿mayorías, tal vez? 

    Y, sorpresivamente, el reinado de las pelolíndísimo se desmoronó y  a finales de los 80s arribó “la permanente” a las peluquerías locales. Las melenas leoninas se extendieron por la ciudad gracias al personaje de Ligia Elena. Ese era el mainstream pero también se movían aguas subterráneas, el underground, el punk. Los cortes asimétricos, los flequillos enormes y rígidos a fuerza de laca. Y el negro. Y los sobretodos. Y los botines planos con puntas imposibles para la anatomía de un pie normal. Y las discotecas “de ambiente” y las “discos underground” para criaturas nocturnas. Y L*Antró en La Castellana y The Hole en el Centro Comercial Los Chaguaramos. Y el imperio de los porteros y los jíbaros. Y la invasión de aquella tornasolada sustancia blanca que circulaba abundantemente en baños y vehículos. Eran, finalmente, los 90s. 

     Y la ciudad era una jungla, la efervescencia del caos que se cernía pero apenas notábamos mientras saltábamos al ritmo de The Cure o REM y olvidábamos, convenientemente, que apenas en 1989 “los cerros” se habían asomado para despertarnos de nuestra somnolencia indolente y los amaneceres atravesando el umbral de la New York New York y su bola estroboscópica que después sería Palladium. Pocos años antes Queen cantaba We are the Champions bajo el domo del Poliedro pero Rómulo Betancourt se despedía causando un duelo nacional que redujo las presentaciones de los británicos a sólo dos.

     Las ciudades son experiencias personales. Y colectivas. Como los delirantes Festivales Internacionales de Teatro que organizaba Carmen Ramia y que se transformaban en la Fura dels Baus transitando por la Avenida Bolívar o un grupo aleatorio de locos a bordo de un barco en el Puerto de La Guaira. O aquella Ópera de Tres Centavos que se podía ver a media mañana en solitario en el magnífico Teatro Teresa Carreño o la maravillosa y ambigua presencia de Willem Dafoe como el Mesías en aquellas funciones a las 11 am en el Cine Prensa de la Avenida Andrés Bello y que, hoy, apenas es espacio para sermones evangélicos donde Cristo también vive los últimos días. Caracas urbe efervescente de cultura y arte. Y contracultura y underground. Y contradicciones.

     Los 90s llegaban con furia y las visitas al Poliedro se tornaron legendarias. Como aquel épico concierto de Guns n Roses en el que la Policía Metropolitana –la temida PM- con su uniforme azul marino intentaba contener la histeria colectiva y el Appetite for destruction que se apoderó de Caracas. 

     Poco después despertábamos de golpe y presenciábamos atónitos aquellos 27 segundos de Mesianismo que combinaron también con los desaciertos políticos cometidos por Acción Democrática y Copei ya bastante desconectados de lo que sucedía en barrios y calles de la capital. Aquel febrero vimos a un Carlos Andrés Pérez alerta ante la amenaza pero con el aplomo de quien sabe aplastará la Rebelión. Por ahora. Ese noviembre los cielos siempre azules de Caracas fueron surcados por aviones rebeldes en otra rebelión fallida pero no bien contenida. Una serie de eventos políticos y antipolíticos harto conocidos nos trajeron a 1998 y a aquella masa de votantes que decidió que Hugo Chavez Frías sería nuestro nuevo Presidente de la República. La Avenida Bolívar fue escenario –repetidas veces- de aquella fiesta que no parecía anunciar lo que venía.
                                                                                          
AMARILLO, AZUL PERO, SOBRE TODO, ROJO.

                Y entonces Caracas –Venezuela en realidad- se vistió de rojo. Rojas las franelas, rojas las guayaberas ahora muy de moda, rojos los números de criminalidad, rojas las cifras del gobierno que cada vez más se transformaban en un misterio parecido al de la Virgen María y la Anunciación. Progresiva y paulatinamente el rostro hinchado de aquel líder mesiánico se fue apoderando de toda la ciudad. En esa ubicuidad muralística,  Chávez hablaba con Dios y casi ocupaba la Creación de Miguel Angel en la Capilla Sixtina.

     Esta presencia constante ya la había anunciado el disfraz de aquel paracaidista con uniforme de camuflaje y boina roja que pidieron la mayoría de los niños entre 1992 y los tempranos 2000. Era también la voz, los interminables y. con frecuencia disparatados, discursos del Comandante el soundtrack de la ciudad. Aunque, por supuesto, Alí Primera y su canción de protesta no han dejado de sonar y todo aquel que tenía alguna franela del Ché Guevara comenzó a vestirla con orgullo. Hubo quien desempolvó libros de Marx. Hubo quien los leyó y memorizó por vez primera. La ciudad, el país entero, rendían culto al líder del cual ahora, en 2017, permanecen insistentes pero en proceso de desvanecimiento “los ojitos.”

REBELION CITY:

                En 2014 paredes, kioscos, columnas, aceras y hasta el mismo asfalto se llenaron de consignas reflejando una crisis económica y política sin precedentes. Mensajes en papel bond tamaño carta, pendones, pancartas y hasta sténciles decoraron la ciudad en una protesta testaruda, de una generación que se negaba a dejarse invisibilizar por un gobierno de Pensamiento Único. Y el soundtrack de las calles fue “¿Quiénes somos? ¡Venezuela! ¿Qué queremos? ¡Libertad!”. Fueron 43 los jóvenes asesinados en aras del “control de orden social”. 483 resultaron heridos y 1854 fueron detenidos. Algunos de ellos violentamente torturados, 33 casos fueron debidamente sustanciados. Los que pudieron emigraron. No podían salir a protestar pues irían directamente a prisión si eran atrapados protestando. Pero algunos, -suficientes- se quedaron y 3 años más tarde, en 2017, están de nuevo en las calles. Ahora organizados. Y han incendiado esta ciudad con molotovs y escudos de cartón al grito de “Yo soy Libertador”.


     Caracas ahora huele a basura, a barricada, a caucho quemado, a rebelión. Y a gas. Al cáustico e irritante gas que ha flotado sobre esta y otras ciudades del país desde hace ya demasiados meses. Y suena a motos y a gritos. Y, a veces, a silencio.  Y viste uniformes verdes y de camuflaje negros. Y, aunque aún en Las Mercedes las discotecas retumban hasta las 7 am, ya no hay areperas del trasnocho en cada esquina ni pubs afterhours. Ni conciertos incluidos en la gira mundial de Metallica o Foo Fighters.  Los más jóvenes usan pantalones pitillo – la versión más reciente de los inolvidables tubito- morral, máscara antigás y escudos de cartón piedra con cruces de Malta o mensajes de Resistencia. Hay filas de personas a las puertas de las panaderías y de los supermercados, pero también en las ventas de loterías y en las casas de Vende-paga y de carreras de caballos. Las puertas de casas y edificios están marcadas por sindicatos/mafias de obreros de la construcción que se disputan territorios.



     Es una ciudad devastada como lo fue Sarajevo en 1994. Y sus jóvenes y adultos recuerdan aquellas tempranas fotos de la Intifada en la Franja de Gaza. Pero es acá, en el Caribe, en la urbe que se estremeció en 1967 anunciando que 50 de 450 años serían cualquier cosa menos aburridos. Caracas ahora es Ciudad Caos, un escenario post-apocalíptico -aún pleno de guacamayas escandalosas y araguaneyes en flor- en el que nos miramos con desconfianza y furia los unos a los otros. 
          
          Pero no siempre fue así.

          Y no siempre será así.

     Si eres caraqueño, si has vivido en esta urbe el tiempo suficiente, sabes que Caracas sorprende. Muerde, es verdad. Pero no siempre.   

Nota: Este texto fue premiado por la Cámara de Comercio de Caracas en 2017 Mención Periodismo Impreso y fue escrito para la revista de esa institución. Me tomé la libertad de colgarlo por acá sólo para no olvidarlo y continuar con esta bitácora que me impide la desmemoria. 

jueves, 7 de diciembre de 2017

El oficio de poner alas y hacer milagros

A Kaya.
Y a Miguel Delgado, 
Angela Gonzalez, 
Niletta Stelluti y 
Lolymar Avila 
Unidad Móvil Veterinaria Salud Chacao.




     Veo tu foto con frecuencia. Y siento el peso de tu cuerpo en la cama. Y tu calor. Y el intoxicante olor del collar antipulgas. Y me encojo un poco para dejarte espacio. Para que duermas tranquila. Y, entonces, cuando ya estoy a punto de voltearme y extender el brazo para acariciarte, lo recuerdo: ya no estás conmigo. En ese instante, te echo de menos como a nadie.

     Tú fuiste la presencia más estable por 17 años. ¿Quién lo hubiera sospechado aquella noche que gritabas a todo pulmón en la 10a transversal de Altamira? A veces creo que me llamabas. Detuve el carro y te encontré allí en un patio cualquiera. No sé si te secuestré o te robé. Aunque no había nadie cerca. Estabas sola y gritabas.

     Desde ese día las órdenes las diste tú. Aunque no lo noté hasta muchísimo tiempo después. Destruiste todos los muebles, le diste un zarpazo a Skipper y le lesionaste la cornea, me dejaste un par de cicatrices cuando traté de separarte en una pelea y te robaste el pan y las tortas de la mesa cada vez que quisiste. Sólo te faltó abrir la nevera y no estoy tan segura de que no lo hayas hecho.

     Todas las veces que mi corazón estuvo roto por algún divorcio, decepción o frustración te sentaste en mi regazo a ronronear, a curarme. Tu mal genio y dulzura eran como un Dr Jekill y Mr Hyde peludo.

    Los últimos meses fueron duros. Durísimos. Tomaste distancia. No volviste a mi cama. Te estabas preparando para irte. Dormías en la sala, en la mesa de la cocina, en el baño. Donde te daba la gana. Pero no volviste a mi cama y me preocupé mucho. Lo supe.

     Traté de engañarme a mi misma pensando que sólo estabas molesta conmigo. Después de todo, llevabas ya 3 años brava. Desde aquel día de julio en el que se me ocurrió traer a a Oreo a casa. La odiaste con furia. Y a mi. Alta traición. Y fue tanta la furia que enfermaste de hemobartonella. De pura rabia. Pero logré retenerte. No pudiste irte. Obligada, pero te aliviaste.

     Pero este año el gas lacrimógeno diario, el cansancio, la rabia pudieron más que tú.

     Y te llevé a Salud Chacao. Y te trataron con amor. De inmediato supieron que eras de armas tomar. Y todos creímos que te salvabas. Y tuviste un día de saltos y alegría y alboroto. Un día. Y luego el abismo. La barrena. Y supe, a ciencia cierta, que te ibas. Que tenía que buscar ayuda. Y allí estaban Angela, Niletta, Lolymar, Miguel -como siempre- para rescatar y apoyar en la emergencia. Con cariño, con dedicación. Miguel preguntó discretamente:"¿quieres pensarlo? Lo siguiente es que entre en shock". "No. No hay nada que pensar. Hagamoslo" respondí.

     Y allí estuvimos, en ese pequeño camión -la Unidad Veterinaria Móvil que trabaja a fuerza de mística y compromiso con su comunidad-  Angela y Niletta me distraían. Conversamos sobre cualquier cosa mientras inyectaban a Kaya. En algún nivel sé que se preguntaban: "¿ella no se va a ir?" Y no. Yo no podía irme. Dejar sola a Kaya no era una opción.

     Y luego, cando Kaya se durmió me asaltó la duda: "¿se volverá a despertar?¿qué hago si se despierta?" Se rieron. "No. No va a despertar". Entonces Miguel la tomó con delicadeza y la envolvió. Sobrio, respetuoso. Lo ayudé. No entendía por qué me miraba con desconcierto. Luego supe que era la primera persona que había acompañado todo el proceso de eutanasia de su mascota. La primera en 15 años de existencia de la Unidad. Pero no fue por valiente, quizás fue por lealtad.

Y cuando todo pasó, cuando supe que estos médicos -que siento como amigos desde hace años-, le habían regalado alas a Kaya -si, como Red Bull- cargué el pequeñisimo cuerpo aún tibio de mi gata. Y con el corazón suspendido, casi sin aliento y sin pisar muy bien tierra, los abracé y me la llevé.

(Luego tardé una semana en enterrarla en el Avila. Pero ese serial-killer-mode de guardar un cadaver en el freezer se los cuento otro día).

     No había podido escribir antes. Procesar las pérdidas me lleva mucho tiempo. Kaya se fue el 18 de mayo y sólo quería decir: Gracias Kayaluna por haberme gritado aquella noche del 2000. Y gracias Miguel, Angela, Niletta y Loly por haberme sostenido en uno de las despedidas más dificiles de mi vida.

     Sé que no soy la única que le debe tanto a la Unidad Móvil Veterinaria de Salud Chacao. Sé que somos miles de vecinos los que hemos encontrado cariño y cuidado para nuestros animales allí, en esos pocos metros cuadrados. Cuando pienso en un servicio público que es casi un milagro, pienso en ese camioncito y sus doctores generosos, cálidos, comprometidos con su comunidad. 

     Y pienso en Kaya, con sus alas nuevas y su mal genio, sometiendo a quien se deje en el Cielo de gatos. 

     Así que eso, sólo quería decir GRACIAS. Porque en un ambiente tan árido y rudo como el que vivimos, todos ustedes son una certeza y un apoyo invaluable.Un verdadero milagro.